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Josep Huguet

20 de septiembre de 2014 (21:01 CET)

Observando el comportamiento y sobre todo el talante de los protagonistas políticos del reciente referéndum de Escocia, ha aumentado masivamente el número de catalanes que les gustaría ser súbditos, aunque fueran coloniales, del Reino Unido de Gran Bretaña.

Cuando los unionistas temieron en un momento que podían perder, sacaron una gran zanahoria del sombrero e hicieron firmar todos los líderes británicos un manifiesto prometiendo importantes nuevas competencias políticas y fiscales en Escocia. Ante los resultados positivos por el sí, un Cameron, elegante y exquisito, en vez de seguir la marca española de "sostenella y no enmedallo", reconoció que 1.600.000 ciudadanos perdedores debían ser tenidos en cuenta. Y él que es conservador, y por tanto, por principio opuesto a cualquier cambio, reconoció que los británicos deberían gobernar de otra manera: escuchando más a los ciudadanos y dando anchos poderes a las naciones constitutivas: Escocia, Gales e Irlanda. Por lo tanto, de todos modos, Escocia ha ganado.

Otro dato interesante. La campaña se basó en argumentos socio-económicos y de buena gobernanza. En ningún caso en aspectos culturales o de identidad. ¿Saben por qué? Porque los británicos siempre han reconocido que su estado está compuesto de cuatro naciones y culturas. Han respetado sus símbolos, sus emociones y su cultura, incluso conservando competencias exclusivas claves como la educación, en el caso de Escocia.

Por lo tanto, desde una óptica económica, que es la que suele interesar a los lectores de Economía Digital, el principal beneficio económico no es que Escocia haya decidido quedarse, sino que lo haya hecho de forma pacífica y democrática, con el pleno apoyo del Estado.

Esta prueba de fuego hace subir a Gran Bretaña muchos escalones más en el ranking de territorios de estabilidad garantizada y de seguridad jurídica. España, con la actitud totalmente contraria, escudándose en argumentos jurídicos cuando se trata de un problema político, está bajando continuamente escalones como país inseguro y de dudosa seguridad jurídica. Máxime, cuando el Gobierno de Madrid ya anuncia el resultado de las deliberaciones de los tribunales antes de que se pongan.

Dicho todo esto, dos últimas reflexiones. Primera. Los partidarios del no han sido demócratas a veces seductores, pero que han jugado fuerte sus cartas: el poder financiero de la City y su control de todos los medios, incluida la BBC que ha aparcado su profesionalismo aséptico para tomar partido. O sea, que el 45% de los síes, partiendo hace un año desde el 30%, tiene un enorme mérito porque se ha tenido que ganar a contracorriente. La desafección política también viene cuando, a pesar de que te dejan votar, te das del control mediático-financiero de los creadores de opinión.

Última. A Barroso y a Shultz se les ha visto el plumero.¿ Escocia independiente hubiera sido un problema para la UE? Para los burócratas y por la cúpula de los Estado grandes vinculados a las oligarquías quizás sí. Pero por los ciudadanos hubiera sido una señal de que el empoderamiento ciudadano, que va más allá de la soberanía nacional, que ha significado el proceso escocés, tenía una vía de salida en el seno de la Unión.

Ahora, continuará planeando la duda sobre una Unión de eurócratas y lobbies que se alegran de que una iniciativa popular democrática haya perdido. Mientras tanto, sin embargo, continuarán empantanados con los conflictos armados del Este europeo, del Medio Oriente y del Magreb. Y los ciudadanos de las clases medias y populares irán optando por el populismo de extrema izquierda o de extrema derecha.

Barroso, Shultz, ¿no se ha dado cuenta de que Escocia, que continuará luchando con otras comunidades como la catalana, flamenca, vasca, etc. para lograr una gobernanza más cercana al ciudadano, era una oportunidad para empezar a diseñar otra Europa posible? En cambio está alimentando, día a día, la Europa imposible que va desde Le Pen a Syriza, y que os destrozará.¡ Buen viento!
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