Esperpento político en Cataluña

30 de noviembre de 2015 (17:04 CET)

La situación política en Cataluña ha derivado en las últimas semanas hacia un verdadero sainete que daría risa si no fuera porque se trata de una situación delicada que afecta de forma grave el futuro de la sociedad catalana.

Una sociedad que está contemplando con sorpresa y estupefacción la situación de esperpento al que está conduciendo la fuga hacia adelante de un Artur Mas que parece únicamente preocupado por su futuro personal.

Cataluña puede estar convirtiéndose en las últimas semanas en el hazmerreír del mundo. Todo lo que está sucediendo desde las elecciones del 27S está provocando una situación que hace pasar de la sorpresa, al temor y finalmente a una contemplación incrédula.

Los hechos que se están dando en el Parlament lo fomenta, sin duda. A pesar de que las candidaturas independentistas no triunfaron en el supuesto "plebiscito" del 27S, la extraña pareja de Junts pel Sí y la CUP, que han conformado la mayoría parlamentaria, nos ha sometido a una serie de situaciones surrealistas difíciles de entender en un mundo político normal.

La mayoría ya es de por sí difícilmente comprensible, puesto que va desde partidos como CDC, representante de la burguesía y las clases pudientes de Cataluña, las más partidarias del orden, hasta una organización antisistema que es una mezcla de ultraizquierdismo ácrata, asamblearismo e independentismo.

La necesidad de encontrarse una salida personal del presidente Mas, reconvertido ahora en líder independentista, cercado por la corrupción, está marcando todo el proceso político. Hemos visto como la candidatura de Mas ha buscado la mayoría pactando con su antítesis. Y aquí está su error.

Han buscado un pacto parlamentario e institucional con una fuerza que es radicalmente antiparlamentaria y antiinstitucional. Es así como para conseguir la investidura, sea como sea de Mas, van aceptando una tras otra  las exigencias de la CUP. Así han votado una resolución ilegal y que en la práctica es una declaración de insubordinación respecto a todo el marco legal existente, incluso aquel que da base a la propia legalidad del Parlament y las instituciones catalanas. Pero con esto no ha tenido bastante la CUP, que de golpe se ha encontrado en el centro del marco político y mediático.

La CUP está sacando de la situación todo el rédito político, aprovechando haberse convertido en el centro de la política, para someter, e incluso ridiculizar, a la clase política que Mas representa a la que obliga a hacerle todas las concesiones que ellos le plantean sin otorgarle nada a cambio. Es decir, votando NO a la investidura de Mas. En este momento la vergüenza debe abrumar a muchos votantes de JxSí al ver como se arrastran suplicando una limosna en forma de votación positiva por parte de la CUP.

Todo esto sería como ver una comedia "bufa" si no fuera porque la situación política de Cataluña demanda de una responsabilidad que no se ve ni por parte de la gente de Mas ni del Gobierno central del PP, el principal responsable de la crispación en Cataluña. Un PP y un Rajoy, que como se dice con razón, han sido los mayores creadores de independentistas por su incapacidad de plantear ninguna iniciativa política que diera salida a las reivindicaciones muy mayoritarias de la sociedad catalana, que van mucho más allá de lo que puedan representar las opciones independentistas.

Las políticas del gobierno del PP, incluyendo las antisociales y no sólo las centralistas han creado un rechazo en la sociedad catalana que muchas veces se confunde,  tergiversa o se manipula en un rechazo hacia España.

A su vez, las actuaciones cada vez más radicalizadas de los independentistas han comportado, tal como deseaba el PP, una división dentro de la propia sociedad catalana y que se ve políticamente representada en el crecimiento de una opción claramente anticatalanista como la de C's.

La situación actual más allá del esperpento de las últimas semanas ha llevado a un choque de trenes que hay que superar, para lo cual sería necesaria la sustitución de los actuales interlocutores, tanto Mas como Rajoy.

Hay que hacer respetar la ley, pero hace falta todavía más que la política cumpla con su función que es solucionar los problemas, no agudizarlos y si es preciso adaptando o cambiando las leyes que haga falta. Ahora todo el mundo espera que el 20D se abra la puerta a una nueva etapa, pero quizás no será la que muchos esperan.

Mucha gente en Cataluña ha apoyado a los independentistas a partir de un mal cálculo pragmático. Se trataba de apoyar a Mas y a los independentistas para conseguir negociar mejor y con más fuerza con el Estado y mejorar la situación actual.

El problema es que las correlaciones de fuerzas entre las partes pueden comportar mejorar la situación o empeorarla. Y ahora la situación se ha tensado tanto, entre Cataluña y el Estado, que mucha gente empieza a preocuparse o incluso a tener miedo por el futuro a que pueda conducir.

De momento el fuerte crecimiento de C's puede llegar a cuestionar algo hasta ahora socialmente asumido y que se ha demostrado positivo como era la inmersión lingüística en las escuelas catalanas.

No hay duda que igual que la irresponsabilidad de Rajoy dio votos a la candidatura de Mas y JxSí en las autonómicas, el aventurismo de Mas dará votos a Rajoy, al PP y a C's en las elecciones del 20D. Y  puede pasar que después de esta fecha nos encontremos con una situación más negativa para todos, como sería que ganaran aquellos menos partidarios de encontrar soluciones equilibradas para todos.

De momento estamos en una situación poco favorable al diálogo. La impugnación de la Resolución del Parlamento de Cataluña, por parte del Gobierno del Estado al TC, que incluye la imputación de dirigentes políticos catalanes, no crea un escenario positivo para la resolución del conflicto.

Paradójicamente la amenaza de imputación a Mas y otros se puede resolver nuevamente mediante una nueva vuelta del sainete. Si la CUP no vota a Mas, este ya ha dicho que no aplicará la resolución hasta que sea Presidente.

Esto puede comportar ir a nuevas elecciones en Cataluña después del 20D. Las nuevas elecciones significarían que la Resolución decaiga y pierda vigencia política. Que se presenten candidaturas diferentes de las actuales y se abra una etapa política nueva y diferente a la vivida los últimos tiempos.

Así el esperpento sería ya total y la CUP sería quien salvaría a Mas de la situación jurídica y penal que le podría comportar una imputación para vulnerar e incumplir aquello que el TC ha dictaminado.

En definitiva, habremos asistido al final de una etapa política basada en ocurrencias y demagogias digna de ser olvidada.

Un futuro político serio sólo puede pasar por la negociación entre Cataluña y el Estado para encontrar una solución política. Solución sobre el futuro de Cataluña y su ensamblaje en el Estado que se ponga a ratificación del pueblo de Cataluña, con un Referéndum acordado por las dos partes. Esto sería volver a hacer política de verdad y positiva cumpliendo con el anhelo de la sociedad catalana muy mayoritariamente partidaria del "derecho a decidir".
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