Especialidad del Gobierno de Rajoy: gobernar de espaldas a los ciudadanos

18 de diciembre de 2012 (01:25 CET)

¿Por qué el Gobierno de España no pide el rescate? ¿Qué consecuencias tendría este? ¿Cuándo va a dar sus frutos la reforma laboral? ¿Le parece razonable la postura de la canciller alemana con respecto a España y a otros países de la periferia? ¿Qué le hace pensar que la actual estructura del Estado es sostenible? ¿Son muchos los que le acusan de querer destruir la clase media española? ¿Toda su política económica tiende a dar dinero a los bancos? ¿Qué le hace afirmar que la política económica del Gobierno es la única posible? ¿Qué opinión le merece la postura que mantiene el PSOE frente a las acciones de su Gobierno? ¿No cree llegado el momento de alcanzar un pacto de estado con el principal partido de la oposición? ¿Cuáles son las líneas maestras del Gobierno central con respecto a las políticas lingüísticas activas en España?.

La lista de cuestiones que preocupa a los ciudadanos y cuya respuesta solo la tiene el presidente del Gobierno, se hace interminable. Sin embargo, no hay respuesta satisfactoria a ninguna de ellas. La comunicación institucional del Gobierno de España hace aguas por todas partes por mucho que el presidente protagonice alguna que otra intervención, que se multipliquen las presencias mediáticas de sus miembros, que la vicepresidenta cumpla con nota sus apariciones los viernes tras el Consejo de Ministros o que el equipo responsable de la comunicación en la Moncloa esté formado por profesionales competentes.

Nada de eso es suficiente para solventar un problema hondo que está deteriorando de forma progresiva la imagen de Gobierno, mucho más allá de lo que lo hace la propia crisis económica y que permite operaciones de descrédito por parte de algún medio alemán cuando publica que España está en manos de una oligarquía política aliada con la oligarquía económica y financiera, y sin que se aumente la participación ciudadana real en las decisiones políticas.

Con una prima de riesgo que se siente cómoda por encima de los 400 puntos básicos, con multitud de dudas sobre el papel de España en el concierto del Eurogrupo, con una asignatura pendiente en materia de déficit público o con unas previsiones económicas alejadas de la mayoría de las estimaciones –por citar solo cuestiones de ámbito económico- se hace difícil digerir frases como que se pedirá el rescate “cuando considere que es mejor para los intereses generales de España".

Eso y nada, según muchos observadores, es lo mismo y va contra los más elementales principios de la comunicación como herramienta política. Y, por supuesto, nada que ver con ese modelo de éxito que lo popularizó la serie televisiva El ala Oeste de la Casa Blanca (The West Wing) y que se ha convertido en paradigma de cómo funciona la comunicación en la Presidencia del Gobierno de Estados Unidos.

De ella y de su práctica, los autocalificados como comunicólogos han resaltado, hasta la extenuación, la complejidad y los matices vinculados a la preparación de los discursos presidenciales; las omnipresentes ruedas de prensa ofrecidas por la portavoz presidencial, lidiando varias veces por día con una sala llena de periodistas; el difícil equilibrio entre la comunicación institucional y el proyecto político del presidente; la integración de la comunicación como parte sustancial de la gestión de gobierno, o el papel de las encuestas de opinión pública en la formulación de las políticas de comunicación del gobierno.

A la postre, en este delicado mundo de la comunicación, lo más importante es la actitud y ese comportamiento refleja el respeto que se siente hacia el ciudadano más allá de los medios que se ponen al alcance y que en demasiadas ocasiones son instrumentos “muertos” si se hace un análisis profesional de su contenido. La prueba se encuentra en la cuenta que el presidente del Gobierno tiene en Twitter y que con cerca de 390.000 seguidores se ha convertido en soporte burocrático a través del cual se hace imposible saber que piensa el inquilino de la Moncloa sobre las grandes cuestiones que preocupan a los ciudadanos. Por lo menos, resulta imprescindible y urgente cambiar de community manager.

El balance de un año de gobierno en esta materia es más bien desolador y en ello coinciden buena parte de los periodistas nacionales y extranjeros especializados en seguir al ejecutivo de Rajoy, que ven en esta actitud del gobierno la plasmación de un modelo que tiene su negativa proyección en todas y cada una de las reformas emprendidas, ya sea la sanitaria, la laboral, la educativa o la económica que, en teoría y solo en teoría, debería terminar con una petición de rescate, que pese a que es pedida por casi todos, no se pide, sin que se sepan, a ciencia cierta, las razones.

Carlos Díaz Güell es editor de 'Tendencias del Dinero', publicación 'on line' económico-financiera de circulación restringida
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