Escocia tan cerca y tan lejos

06 de junio de 2014 (00:00 CET)

Un futuro financiero fuera de la Unión Europea inquieta cada vez más a los ciudadanos escoceses, entre otras cosas porque los ingresos por el petróleo del Mar del norte van a menos --un 38% de 2010 a 2013-- y el gasto público es más elevado que en el resto del Reino Unido, según ha publicado The New York Times.

El ex primer ministro de Suecia y ahora ministro de exteriores, Carl Bilt, es uno de políticos con más prestigio en la Unión Europea. Anteayer dijo que la independencia escocesa significaría un proceso de balcanización. Algo sabrá porque fue varios años enviado especial de la ONU en los Balcanes. 

Una de las cuestiones más acuciantes concierne a lo que pueda ocurrirle a la economía de Escocia en el período tan poco explorado que en el mejor de los casos pudiera ser secesión, vacío legal y lento reingreso en la Unión Europea.

De hecho, la campaña del referéndum ya ha comenzado. ¿Cómo puede el Reino Unido compartir la libra esterlina con una Escocia independizada? Y, ¿qué moneda, mientras tanto? Tampoco sabemos cuál sería el coste de una nueva frontera.

El presidente de la todopoderosa British Petroleum argumenta que a Gran Bretaña le conviene estar unida. Incluso las dimensiones de la deuda lo reafirman. Esos pros y contras son lo que los escoceses tienen que sopesar.

 
La argumentación está siendo sustituida por un folklore político de cada vez más agresivo
Tampoco está claro cómo quedará afectado el proceso escocés si un referéndum británico lleva a la renegociación de la relación entre Reino Unido y Unión Europea. Para Bilt, el impacto de un “sí” escocés a la independencia activaría una grave crisis en Europa, más allá de la cuestión escocesa.

Las encuestas más recientes hablan de una diferencia de dos puntos a favor de los partidarios del “no” en el próximo referéndum de Escocia. Lo que ya casi nadie pone en duda es que un “sí” a la independencia deja a Escocia al instante fuera de la Unión Europea.

En suma, de considerar conjuntamente el caso escocés y el catalán, lo más aparatoso es el contraste entre la complejidad de lo que está en juego y la simplificación con que se le pretende dar respuesta política. Desde luego, el secesionismo escocés ha sido más gradual, y lleva décadas de training en sus escaños de la Cámara de los Comunes.

Pero en el fondo, quedan claros paralelismos, como por ejemplo usar como argumento de racionalidad lo que es un sentimentalismo de gaita y falda escocesa. Algo parecido va acentuándose en el caso catalán. La argumentación está siendo sustituida por un folklore político de cada vez más agresivo. Bueno, que venga Carl Bildt y lo vea.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad