Esclavas del terror islamista en Nigeria

13 de mayo de 2014 (00:00 CET)

Pues sí, el terrorismo islamista puede lanzar aviones contra las torres gemelas de Manhattan, atacar la estación de Atocha o secuestrar a casi trescientas muchachas para que Nigeria se convierta en un Estado islámico, libre de la contaminación occidental.

Es una lúgubre lección de realidad para quienes daban por hecho que con la muerte de Bin Laden ya se había acabado con las agresiones sangrientas de la jihad.

Ahora el ataque es contra Nigeria, un país cuyo presidente es musulmán, con una economía considerada como emergente. Petróleo, gas, inversión extranjera. Corrupción, grandes desigualdades. Crecimiento rápido y a la vez mucho paro juvenil.

Pero resulta un error relacionar de nuevo pobreza con terrorismo. En la mayoría de países con grandes bolsas de pobreza eso no lleva al terrorismo, del mismo modo que los terroristas jihadistas activos contra Occidente suelen tener título universitario.

 

El grupo Boko Haram lleva años atacando escuelas para evitar que las jóvenes nigerianas reciban una educación

En Nigeria, los terroristas del grupo Boko Haram quieren liberar las mujeres de todo vínculo con la educación occidental, en fin, regresar al esclavismo. No de otra manera se explica un secuestro masivo para impedir que unas trescientas muchachas puedan llevar pantalones.

La BBC da a conocer un perfil de Abubakar Shekau, el líder de Boko Haram, el grupo terrorista que lleva años intentando imponer un Estado islamista en Nigeria, el país más poblado y con mejor crecimiento en el África del siglo XXI. Un país dividido.

Shekau --dice la BBC-- es mitad teólogo, mitad gánster, capaz de vender las muchachas secuestradas en un mercado de esclavos o canjearlas por terroristas detenidos. Ha dado a conocer videos imitando a Bin Laden. Si Alá --reconoce en un vídeo-- le ordena matar, él lo hace con gusto. Lo viene demostrando sobradamente.

El actual secuestro ha generado un lamento general en Occidente, pero lo cierto es que el grupo Boko Haram lleva años atacando escuelas para evitar que las jóvenes nigerianas reciban una educación con el menor vestigio de Occidente.

Según los expertos, el mismo nombre de Boko Haram significa “La educación occidental es un pecado”. Y su estrategia de intimidación sangrienta parece tener bloqueado a un Gobierno que combina corrupción y acogida positiva de la inversión internacional. Hasta ahora, los hombres de Shekau parecen operar en la impunidad.

Mientras tanto, es cierto que Occidente no tan solo se lamenta. De una parte, lleva tiempo enviando dinero para reconstruir las escuelas que Boko Haram destruye. Por otra, asistirá al gobierno nigeriano en la lucha antiterrorista. El jihadismo sigue globalizándose, aunque se le quiera dar por finiquitado.
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