Esa terrible impunidad

10 de octubre de 2014 (00:00 CET)

Un buen amigo me decía hace unos días que si los hombres pudiéramos apretar un botón con total impunidad y provocar la muerte de alguien en el mundo por 6.000 euros, por ejemplo, al principio aflorarían los principios y valores, pero más tarde se producirían sucesivos botonazos que darían lugar a más cobros y más muerte. Que el hombre sólo lo haría si supiera con absoluta y total certeza que su acción sería impune, pero que si poseía esa garantía y seguridad no dudaría, el botón se oprimiría de forma reiterada.

Quizá mi amigo tenga razón. Como es posible que Carlo Dossi, un escritor italiano del siglo XIX, acertara cuando decía que en todos los hombres está presente la corrupción: sólo es cuestión de cantidades.

La izquierda política siempre ha hecho gala de sus principios éticos y morales que la hacían supuestamente diferente de la derecha. En la práctica, sin embargo, las actitudes corruptas poco, o nada, tienen que ver con los pensamientos de cada quien. Menos aún con la militancia o la afiliación. Lo que sí parece innegable es que ser corrupto y vivir cerca del poder es más probable que serlo cuando se permanece más alejado

 
Ser corrupto no es ni de derechas ni de izquierdas, se debe relacionar con la proximidad o lejanía del poder
Ésa es una de las enseñanzas de los últimos acontecimientos conocidos en España. El asunto de las VISA black de Caja Madrid ha sido una clara evidencia. De ellas han mamado pulidos políticos de la derecha, divinos de la izquierda y otros del sindicalismo, de las patronales…

De todos los hechos conocidos en los últimos meses, lo que ha constituido una gota que colmaba el vaso del asombro ha sido conocer que el histórico líder minero asturiano José Ángel Fernández Villa, dirigente durante años del poderoso SOMA-UGT, también posee grandes cantidades de dinero en negro que difícilmente pudo acumular con su salario en la mina o en la dirección del sindicato. Nada está probado, pero la sospecha es tan obvia a la vista del poder que ejerció que huelga cualquier comentario.

¿Qué nos ha pasado? ¿En qué peligroso círculo estamos viviendo? Sin duda, el mayor de todos es la sensación de impunidad. No podemos decir que sea absoluta, pero sí muy elevada. Fèlix Millet sigue pululando por la sociedad pese a confesar que robó. Jordi Pujol se da un festín a costa de los tibios parlamentarios catalanes mientras admite que defraudó. En Andalucía sigue todo igual en lo político y eso que el uso de dinero público en grandes cantidades para fines particulares ha puesto al descubierto una trama laboral espeluznante. Los valencianos votaron (ahora parece que la demoscopia dice otra cosa) a imputados y algún condenado posterior. En Madrid, Rato seguirá con chófer, secretaría y puesto en el consejo de administración del Banco Santander. Y Blesa, el Bigotes, Bárcenas

Esa impunidad de la que les hablaba al principio, esa que garantiza que determinadas actitudes no tengan condena legal ni la tengan social, es lo que nos ha llevado al actual estado de cosas. Y eso es lo que la política debería solucionar en el futuro. El resto de cosas son casi fuegos de artificio.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad