¿Es Rato una víctima más de Rajoy?

23 de octubre de 2014 (00:00 CET)

Mariano Rajoy obtuvo un incontestable dedazo de su antecesor en el partido, José María Aznar. El político gallego fue designado por el vallisoletano para proseguir su obra. El Partido Popular estaba sentimentalmente dividido, pero nadie se atrevió a cuestionar de manera clara aquella decisión. Menos todavía con el fracaso electoral de aquel 14M que prosiguió a los atentados de Atocha y que facilitó su desalojo urgente del poder.

Rato marchó de España, nada menos que a la cúpula del todopoderoso Fondo Monetario Internacional, y volvió al poco tiempo en virtud de unas curiosas circunstancias personales que no son objeto de esta columna. Pero regresó y, entre bancos, cajas de ahorros y compañías del Ibex, se recolocó en el grupo del poder madrileño conservador y clasista al que siempre, incluso por linaje, ha pertenecido.

En aquellos tiempos en los que Rajoy consiguió alzarse con el poder hubieron muchos conservadores críticos no con la elección de Aznar (que nadie se atrevía a toser sus decisiones), sino con el propio designado. En la radio matinal de la época era habitual que Federico Jiménez Losantos (por cierto a quien financió Ángel Acebes, también imputado por los papeles de Bárcenas) le llamara maricomplejines en presencia de tertulianos líderes del PP o de una parte del aparato periodístico que estaba próximo a Aznar y a la Faes. Pedro J. Ramírez, entre ellos.


 
Algunas ofensas del pasado han sido cobradas y poco queda del aznarismo que le hizo sucesor

Ahora, Rodrigo Rato está políticamente muerto por el escándalo de la VISA black; Alberto Ruiz-Gallardón queda fuera del ruedo tras fracasar estrepitosamente en la gestión de las reformas del aborto; Esperanza Aguirre sólo es útil para la charlotada política; y algunos antiguos barones valencianos han acabado agachando la cabeza ante el nuevo jefe real del PP.

Rajoy parece haber decidido que con el Gobierno en manos de Soraya Sáenz de Santamaría (mucho más preparada que él para la gestión diaria y la resolución de problemas) su espacio personal regresa a la política, al partido y a la conspiración. Algunos se preguntan si Rajoy ha sido el encargado de matar del todo a Rato y al entorno aznarista que formaban Miguel Blesa y algún otro consejero de Caja Madrid. Al trasladar esa misma cuestión a Madrid, a personas del entorno del actual presidente del Gobierno, la respuesta es ambigua: ni sí, ni no, ni todo lo contrario.

Visto ese escenario, podría decirse que algunas ofensas del pasado han sido cobradas con los últimos acontecimientos. Que esa repentina vocación por la transparencia que parece emanar del Gobierno, el Frob y la Fiscalía no es ni gratuita ni repentina. El PP, y este es un modesto entender, también está haciendo un ajuste interno que rompe con algunas inercias del pasado a medida que se le han acumulado los problemas y se acerca a un nuevo escenario electoral. Sólo les faltará completarlo acabando con su líder regional en Cataluña, Alicia Sánchez Camacho. Dicho lo cual, Rato sigue diciendo que el ministro de Economía, Luis de Guindos, es el responsable de su caída en desgracia. Pero que no se equivoque, que quizá su antiguo compañero de gabinete en tiempos de Aznar ha decidido que nadie de aquella guardia va a volver a llamarle maricomplejines...

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