¿Es que hay minorías ilustradas?

03 de diciembre de 2014 (00:00 CET)

Una cosa son las élites de poder y otra las élites ilustradas. Pueden ser lo mismo, pero no siempre coinciden. El espacio más receptivo para una sociedad ilustrada es el de las clases medias profesionales, más constituidas por la iniciativa que por el patrimonio. ¿Pero existen ahora mismo minorías ilustradas?

Para comenzar no sabemos exactamente en qué consiste actualmente ilustrarse o bien formar parte de que llamamos Ilustración en su sentido más amplio. Cataluña quiso ser, posiblemente desde el siglo XIX, una sociedad ilustrada y en parte lo fue. Eso siempre y cuando asumamos estar hablando de minorías y no de mayorías. 

Otra cosa son los hipermercados de la cultura de todo a cien, subvencionados o no. Luego viene el intervencionismo cultural del Estado o de la política autonómica. Como existe un Estado asistencial en la sociedad --sanidad, seguridad social- también acaba habiéndolo en la cultura. Lo hay extensamente en el sistema educativo. 

La sociedad española está más que dispuesta a arrinconar lo que significó una clase ilustrada

Pero, en realidad, no parece que importe si hay o no élites intelectuales. Estamos, como se constata fácilmente, en otra cosa. Aún así es innegable que la idea de una sociedad ilustrada es una de las matrices del europeísmo, porque más allá solo quedan hoy los polos opuestos del populismo y la tecnocracia. Eso tiene que ver con las formas de gobiernos y su capacidad de conectar con la sociedad plural. La razón ilustrada es uno de los componentes fundamentales de una Europa que parece estar envejeciendo en la penumbra. 

En la Europa de no hace tanto tiempo, la clase ilustrada estaba presente en la política y en la cultura, tanto como en la vida social. A su modo era minoritariamente hegemónica, como destilación culta del poder de las clases medias. Por minoritaria que fuese, la vimos en los mejores momentos de la vida parlamentaria, en las páginas del periodismo más cualificado. Luego llegaron los lastres ideológicos, pero todavía nos da lecciones la famosa tertulia del Ateneu, con el sabio Eugeni d'Ors y el joven Pla que tomaba notas para su "Quadern gris". 

Uno puede preguntarse qué tiene que ver todo eso con los dilemas de la Cataluña actual. Pues más de lo que parece. Aunque no basta con los juegos un poco pueriles y libertinos del Barón de Maldà. Todo lo que aquello representó lleva años cuestionado de forma cruda y frontal. Al menos en apariencia, se diría que la sociedad española está más que dispuesta a arrinconar lo que significó una clase ilustrada, una clase media responsable. 

Si su sustituto deseable era la meritocracia, lo que vemos todos los días es lo contrario: una hegemonía chabacana que se autocongratula por haber ocupado los territorios del mundo ilustrado para imponer instintos miméticos y falta de formas. Tanta bruma hace imposible distinguir la Ilustración de los muchos sucedáneos de la mediocridad.
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