¿Es decadencia o es sólo política?

12 de diciembre de 2015 (10:30 CET)

El presidente del grupo ARC Resorts, Mark Vlassopulos, ha mostrado interés por invertir más de mil millones de euros en la Marina Real de Valencia, para montar un casino, hoteles y otros elementos turísticos.

Hace solo un par de semanas, Economía Digital informaba en exclusiva que el grupo chino Wanda estaba negociando con Marina D'Or la compra del 75 % de las acciones de esta Ciudad de Vacaciones para construir un gran complejo en la provincia de Castellón.

El grupo Sherpa capital quiere comprar la azulejera TAU y todos los días hay noticias referentes a este trasiego financiero que demuestra el interés del dinero por comprar en la Comunidad Valenciana: solares o fábricas, da lo mismo.

Paralelamente, en septiembre volvieron a crecer las exportaciones por encima de la media española, crece también el empleo y para este año se espera un corta cosecha de naranjas, que sin embargo aportarán más caudales por tener mejor precio. Y más turistas. Muchos más turistas a medida que en los países del mediterráneo crece la inestabilidad.

Y sin embargo hay una percepción de que estamos sumidos en una gran decadencia. La deuda de la Generalitat Valenciana crece en este último trimestre un 4% sin que el nuevo equipo del Gobierno autónomo (PSOE Ciudadanos, apoyados por Podemos) consiga bajar un euro los 40.262 millones que debemos, la mayor parte al FLA.

Y de forma permanente siguen apareciendo escándalos (será que estamos en campaña) sobre la mala gestión del PP en los últimos años. Los dos últimos: el elevado coste de más de 2.000 millones en la construcción de colegios públicos por la empresa pública CIEGSA, o los más de 75 millones utilizados por el ex presidente Alberto Fabra en gastos de caja.

¿Existe una decadencia histórica? ¿Una brecha entre lo público y lo privado? ¿O simplemente estamos en vísperas electorales y unas cosas no dejan ver las otras?

En un reciente viaje a Burgos pregunté al clásico taxista cómo iba el aeropuerto vacío de Burgos. Como el de Ciudad Real, el de Girona o el de Castellón, todas han sido obras como mínimo polémicas.

El taxista, que ya sabía que venía de Valencia, me contestó: "Esto es un escándalo, pero el de ustedes en Castellón es más". Y pregunté por qué: ¡¡Porque es más famoso!!! Claro: el Aeropuerto de Castellón se hizo famoso porque era el Aeropuerto del abuelito (Carlos Fabra dixit). Alguien hizo las cosas mal o alguien empezó a hacer las cosas bien para conseguir el objetivo decadente.

Contrastan lo bien que van algunas cosas que corresponden a la iniciativa privada con lo mal que van las cosas que corresponden a la iniciativa pública. ¿Acaso unos son muy buenos y otros son muy malos? ¿O realmente somos el campo de pruebas para un modelo español a la italiana?

El Instituto Valenciano de Investigación Económica (IVIE), dotado de los mejores celebros de la universidad valenciana, publicó recientemente un balance de los últimos 25 años de la economía valenciana: un claro oscuro tirando a gris.

Concluye que ha variado la estructura productiva, pero que hemos perdido bienestar y PIB respecto a la media española, posiblemente por el incremento de la población inmigrante.

Crece sin embargo el número de ocupados (¿economía sumergida?), baja productividad, menos competitividad, mejora del mapa del capital humano y menos sector público que en otras comunidades, con una deficiente financiación autonómica.

Se ha generado lo que Josep Vicent Boira definió como "la tormenta perfecta en la sociedad y la economía valenciana". Y sin embargo la sociedad está saliendo con prontitud de esta tormenta, adaptándose a los nuevos tiempos, y no así la administración pública, sujeta a una guerra política permanente. Italia, con Liga del Norte incluida.

Alguien ha hecho muy mal las cosas en la Comunidad Valenciana para llevarnos a este desastre, o alguien las ha hecho muy bien para que todos pensamos que realmente es un desastre.

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