Enseñar las vergüenzas

Josep Huguet

11 de abril de 2015 (19:45 CET)

Los ejercicios de transparencia a que se ven obligadas las democracias de baja calidad como la española para conseguir la homologación mínima internacional, tienen la virtud de enseñar las vergüenzas. Las que de forma sistemática intentan esconder los partidos e instituciones del régimen.

Empiezo de forma contundente, después de haber leído el último informe encargado por la Fundación Josep Irla al equipo de economistas formado por Jordi Angusto, Marcel Coderch y Gemma Pons, titulado: Reparto de activos y pasivos entre Cataluña y el Estado español http://www.irla.cat/documents/repartiment_actius_passius_w.pdf. De nuevo, una directriz europea ha obligado a un Estado de constitución genética opaca a abrir un poco las ventanas; para que los socios europeos evidenciaran los diversos déficits, corriente y estructural, y, sobre todo, empezaran a tratar al capital público con criterios homologables a la economía de empresa.

En este sentido, la UE, desde hace más de una década ya recomendaba publicar los balances de activos y pasivos de los estados para mejorar la transparencia. Los primeros, y por ahora únicos, balances integrados del Estado español corresponden al 2009. Estos primeros datos tienen muchas deficiencias y lagunas, que cuando han intentado ser superadas por los investigadores se han encontrado con la pared de la aristocracia funcionarial de turno. Para poner sólo dos ejemplos: la actual balanza española no incluye ni el ámbito militar ni el del patrimonio nacional. En ambos casos, de cara a la búsqueda que se ha hecho, los activos de Cataluña todavía serían menores que los descubiertos.

Pasamos a las conclusiones. 1. España está en quiebra y lo estará más. Vendiendo todos sus activos le quedarían 270.000 millones de euros por cubrir. Desde el año 2008 a 2013, el agujero del Estado se ha multiplicado por cuatro. La situación no se agrava de forma más acelerada gracias a la política extraordinaria de intereses cercanos a cero. En el momento que Europa determine volver a la normalidad de los intereses, la quiebra española dejará lo de Grecia como una broma.

2. En este marco, Cataluña es arrastrada hacia la profundidad del abismo. Y en la foto de este momento España endosa a los ciudadanos de Cataluña, sean unionistas, federalistas o independentistas, la cifra de 200.000 millones de euros que tendremos que pagar con nuestros impuestos, que representan en torno al 20% de los ingresos del Estado.

3. Esta desfavorable situación podría verse compensada si la perspectiva de crecimiento del PIB fuera sólida. Mejor dicho, si la perspectiva del producto nacional bruto y de la balanza comercial fuera positiva, cosa que no sucede, ni parece tender a suceder. Esto quiere decir que si el consumo interior repunta, subirá el PIB pero para volvernos a endeudar, puesto que compramos más afuera de lo que vendemos. Y producimos todavía muy poco fuera.

4. Si bien una Cataluña emancipada partiría de una situación negativa, también se prevé una rápida solución del problema gracias a la recuperación de la capacidad financiera debido al final del déficit fiscal y a la prespectiva de crecimiento favorable de la balanza comercial en una economía que mayoritariamente ya se ha convertido en exportadora, a la vez que detenta la primera posición en captación turística.

5. En caso de emancipación, cualquier negociación con cualquiera de los criterios que se han puesto sobre la mesa en otros ejemplos de separación, nos es más favorable que continuar como hasta ahora. Vean si no. En caso de repartir por PIB, el más desfavorable para Cataluña, sólo compensaríamos la deuda española compartida en 160.000 millones de euros. En caso de hacer el reparto por población, serían 137.000. En caso de hacerlo por gasto del Estado con Seguridad Social o sin ella serían 120.000 o 95.000, respectivamente.

6. Finalmente, siguiendo el método de Michel Bélanger y Jean Campeau del Quebec, los activos físicos del Estado en Cataluña son 20.000 millones y la proporción de pasivos sería unos 29.000. Y si se tienen en cuenta los activos empresariales se podría llegar a un máximo de 58.000 millones que significarían unos 85.000 de pasivo a pagar por los catalanes.

7. La horquilla entre 29.000 y 85.000 dependería de la negociación política porque:

a. Habría que discutir hasta qué punto Cataluña ha contribuido a crear deuda para el conjunto de España o ha sido a la inversa.

b. Ciertas empresas estatales pueden ser ruinosas en su traspaso. Por ejemplo, Renfe. Puede salir más a cuenta tener un operador propio. Incluso, se podría acordar que el Estado en libre competencia continuara operando con su compañía allá donde se acordara y demostrara aptitud, a cambio de no tener que pagar nada.

c. En cualquier caso queda claro que, incluso, este método más favorable para Cataluña es generoso con España: unos activos que valen un euro, se los pagaríamos a 1,46.

8. A quienes dicen que la Generalitat también tiene deuda propia, podemos añadir que la deuda que tiene de 62.000 millones, en relación al PIB propio es ridícula. De esta deuda, la mitad es del FLA y, por lo tanto, la decisión sobre su pago está en manos catalanas. Sumando esta deuda al máximo del modelo estudiado da 147.000 millones, como mucho, perfectamente asumibles en una década de finanzas emancipadas de España.

9. Y última conclusión, para a los que se les active el mantra reactivo de la solidaridad. A esta España tal como está concebida estructuralmente y con las perspectivas de cronificación de las hegemonías sociales en el sur latifundista y subsidiado, y en el gran centro castellano de la repartidora funcionarial, sólo la cambiará una sacudida como la emancipación catalana. Entonces las clases populares quizás conseguirán que las capas medias apoltronades bajo las faldas del Estado se den cuenta de que están cada vez en aguas más profundas y reaccionen cambiando el Estado de pies a cabeza. Nuestra emancipación es la principal obra solidaria con la península.

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