Enrique Lacalle y los aledaños de las elecciones

10 de noviembre de 2012 (21:17 CET)

Enrique Lacalle fue recaudador oficial y confeso además de diputado del Partido Popular y concejal en el Ayuntamiento de Barcelona. Hoy es más difícil describir cuál es su cargo y/o ocupación. Hace negocios alrededor del Consorci de la Zona Franca con un Jordi Cornet entregado y ausente. Gana algún dinero con los bancos en el Barcelona Meeting Point (BMP) y él, cuando se le pregunta, se describe como firaire. Para los menos iniciados se trata de hombre de negocios alrededor de las ferias; para los más cabrones del lugar, comisionista, a secas.

Su principal producto es el BMP, aunque sus relaciones públicas alcanzan más allá y el máximo exponente de esa capacidad de agenda y convocatoria no la tiene un salón ferial sino la boda de su hijo, recientemente celebrada, y en la que congregó a lo más granado de la Barcelona del dinero. Él insiste, por activa y por pasiva, en que es un hombre bien relacionado, amigo de sus amigos, que se dedica a ganarse la vida con las ferias y el inmobiliario, justo en un momento en el que ese negocio agoniza.

Varios de sus amigos (políticos, periodistas y empresarios, entre otros), con los que mantengo una excelente relación, me insisten en que me olvide de su figura, que Lacalle es un buen tipo... Los argumentos son variados, pero coinciden en un común denominador: “Todos sabemos cómo es”. Es posible, pero no todos los que escriben lo dicen ni todos los que tienen la oportunidad de referirse a sus andanzas lo hacen con la valentía suficiente como he podido comprobar en un par de décadas de profesión.

Bastaba repasar la lista de invitados a la boda de su hijo, en la que no hubo ningún ministro del Gobierno, para entender que incluso el momento más privado y discreto de su existencia seguía incorporando esa permanente adicción a las relaciones públicas de alto nivel, aquellas que generan posteriores negocios.

Con independencia de la insistencia de sus amigos, conocidos y saludados, Lacalle persevera ambicioso. No le haría ascos a la presidencia de Fira de Barcelona, aunque cada vez sus posibilidades se minimicen y sus adversarios se multipliquen. Sigue en el consejo de administración del grupo Godó, lugar desde el cual distribuye semáforos, clientelismo, las cotizadas recontras del diario y otras dádivas. Es más, desde allí indirectamente difunde mensajes (mejor denominarlo así que referirse a amenazas) de buenos y malos. Ya me entienden.

Esta semana conocí a un periodista, deportivo y culé para más señas, que recordaba cómo un antiguo director de La Vanguardia (Horacio Sáenz Guerrero por ser exactos) ya había recibido presiones para que el informador dejara de publicar determinadas historias. El autor de los apretones, of course, no era otro que el sempiterno Lacalle.

Más allá de los lugares comunes que conducen al personaje, su última aportación a la Barcelona del dinero es la organización del Forum España Rusia, que ha tenido lugar en los últimos días en Moscú. Se celebró en el hotel Ambassador, un edificio histórico que se sitúa frente al Gobierno ruso. Lástima, eso sí, que el gobierno moscovita pasara del asunto de forma más que notable y que el montaje quedase reducido a unos fastos casi de carácter interno: el equivalente a una reunión de comerciales a los que premian con un largo fin de semana en un hotel de lujo, spá incluido.

Lacalle ha tenido el desparpajo y la habilidad de que el presidente de la Generalitat, Artur Mas, y alguno de sus consejeros --además de los presidentes de las cuatro diputaciones-- acabaran ejerciendo de comparsa. Otro tanto ha sucedido con alcaldes, cargos de la administración catalana, del mundo patronal… Un enorme fracaso al que asistieron 673 personas. Cifra a la que si restamos los expositores, las esposas de los expositores, las azafatas, los intérpretes, los empleados de seguridad, los periodistas del cortejo, los acompañantes de los invitados rusos y los políticos eran cuatro, contados, gatos.

El fracaso ha sido sonoro y varios medios han dado cuenta de ello. Más incluso que los que en Rusia se refirieron a la visita de la delegación catalana, que fueron cero. Pero quiero aportarles algunos datos: el listado real de asistentes. Como comprobarán, el nivel de rusos que fueron al evento es mínimo e irrelevante. Un montón de altos cargos políticos de aquí, la comitiva de Mas (entre ellos 47 periodistas acreditados, la mayoría de Catalunya o corresponsales de medios catalanes) y apenas un centenar de empresas catalanas. Fracaso que se ha intentado minimizar apelando a los éxitos del turismo ruso en Barcelona, que seguiría viniendo a comprar a paseo de Gràcia tanto si Mas los visita como si no.

La misión empresarial es uno de los éxitos de Lacalle, que ganará dinero y prestigio con el asunto, pero uno de los fracasos olímpicos de Mas. “Lacalle juega con el ego de los demás y siempre saca provecho. Al final, la misión sólo tenía por objeto que los empresarios asistentes tuvieran la oportunidad de encontrarse con el President y con su mujer en el hall del hotel Ambassador. Daba risa porque los mismos que en privado decían que el Gobierno estaba loco con el planteamiento realizado con el tema independentista, se acercaban al President y le decían: ‘estamos contigo, no lo podemos decir públicamente, pero eres un valiente…’”, explica uno de los asistentes, especialmente quejoso del espíritu manifiestamente hipócrita del encuentro moscovita.

Las críticas a ese fallido foro (en las que el principal objetivo de la diana es el organizador Lacalle) alcanzan incluso al embajador español en Moscú, que pese a la pírrica representación institucional rusa mantuvo contactos con la delegación catalana. El President ha rentabilizado, en términos de precampaña electoral, la visita. Incluso a pesar de la polémica suscitada con la suite alquilada en el hotel, que algunos cifran en 1.600 euros por noche, pero que Lacalle se emperra en señalar que no llegaba a los 300. Los medios afines, como de costumbre, han dibujado un imaginario de relaciones institucionales, contactos empresariales de alto nivel… que no han existido ni se les espera. Si acaso, podrían hablar de alguna petrolera a la que las veleidades secesionistas de Catalunya le preocupan y se replantea sus inversiones en la Ciudad Condal.

TRATAMIENTO SEMANAL DE CHOQUE


Supositorio matinal > Dedicado a la cena que Foment del Treball hizo esta misma semana en su sede histórica de Via Laietana. Allí estuvieron los principales empresarios de la casa, además de Josep González, de Pimec, que asistía por vez primera a ese evento. El aburrimiento fue mayúsculo sin necesidad de aludir a los SMS que crucé con varios de los asistentes durante el propio acto. La gracia la puso un enfadadísimo Ángel Simón que recibió uno de los premios de la patronal de manos de Artur Mas. Cara de palo, ni una sola sonrisa y tensión subyacente. Eso y las salidas a atender el teléfono móvil de Josep Piqué al que le estaban explicando desde Madrid la OPA de Iberia sobre Vueling. Pues eso, desde Madrid.

Supositorio nocturno > Un importante asesor fiscal de la ciudad me recuerda que la familia Mas ya regularizó en su día ante Hacienda los ingresos que el padre del President Mas obtuvo de la venta de su empresa de ascensores. Esa declaración complementaria se hizo en vida del propietario de los fondos. A su fallecimiento, y a instancias del propio Mas, los hermanos, legítimos aspirantes a la herencia, volvieron a regularizar ante la Agencia Tributaria los saldos que se hallaron en Liechtenstein. Disfunción familiar o despiste, es posible que la familia, por las relaciones políticas del jefe del clan, hayan pagado impuestos en dos ocasiones. Es lo que vale una apuesta independentista como la suya.
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