¿Energía rima con soberanía?

06 de abril de 2013 (18:27 CET)

Acabo de leer la noticia de la puesta en marcha de una nueva tecnología de producción de energía eólica desarrollada por la Delft University of Technology, situada en el noroeste de Rotterdam. El ingenio se denomina EWICON (Electrostatic Windenergy Convertor) y no tiene nada que ver con palas aparatosas movidas por el viento, sino que con un formato de escultura contemporánea hay un dispositivo de generación de electricidad que capta la energía del viento, sin piezas móviles. Se trata, básicamente, de gotitas de agua cargadas eléctricamente que mueven el viento dentro de unos circuitos cerrados, creando más electricidad.

Los beneficios de este modelo son: la disminución del desgaste por el uso, la reducción de costes de mantenimiento, y la no contaminación, ni visual ni acústica y, por tanto, la gran adaptabilidad a todo tipo de construcciones.

Sería la otra cara del avance que se está produciendo en las superficies fotovoltaicas que, cada vez más, permiten mimetizarse en cualquier de las piezas de una estructura arquitectónica. El adelanto hacia la autosostenibilidad energética de los edificios es imparable.

Al leer la noticia me alegraba por un lado de la capacidad de inventiva de la humanidad. Pero, por otro, me entristecía al comprobar la situación de la energía en mi entorno próximo: Catalunya y España. Donde lo primero que se puede afirmar es que si se ha avanzado ligeramente en la dirección necesaria es gracias a las diversas directivas europeas que van obligando a los gobiernos de Madrid y de Catalunya a cambiar.

La reflexión surgió al asistir a una presentación del Informe sobre energía en Catalunya coordinado por el doctor de la UPC, Joaquim Corominas, http://enercatin.blogspot.com.es/, que mostraba las potencialidades enormes de la producción energética de Catalunya y su capacidad para avanzar hacia un modelo no dependiente y sostenible.
Pero a la vez señalaba las debilidades y las miserias del actual sistema energético catalán.

La primera miseria es que 30 años de Gobierno autonómico no han servido para tener una radiografía completa del sistema energético catalán; situación que sólo se puede explicar por dejadez o por voluntad malévola de opacidad.
Otro problema es que no hay un mando central del sistema a diferencia del que tiene Andalucía, por ejemplo. El mismo peso de la nuclear en Cataluña, que en términos relativos nos sitúa al nivel del estado más nuclearizado de Europa, Francia, nos hace vulnerables, porque esta energía está condenada a desaparecer por su ineficiencia y riesgos.

¿Cómo explicar también, el retraso en renovables? Retraso que, por cierto, provoca que los catalanes estemos subvencionando las primas de las renovables españolas. A veces hay una parte de responsabilidad que se sitúa sobre los grupos conservacionistas a ultranza, pero también es cierto que el modelo privatizador de gestión, en el que unos pocos propietarios, --a veces amigos, conocidos o saludados--, han sido los beneficiarios de molinos o solares, no ha ayudado precisamente a la comprensión popular.

¡Qué envidia cuando ves que la población de toda una isla de Dinamarca hace una apuesta por la eólica conociendo que todas las ganancias van a parar al bien público! A estas alturas sólo intereses oscuros pueden explicar que estemos exportando toneladas de materia prima hacia Italia para hacer biomasa y aquí estemos en pañales. O por qué altos cargos del área de energía de la Generalitat pusieron trabas al uso como combustible agrícola del aceite de colza sin refinar que permitiría dar una autonomía casi total a los agricultores de Catalunya. Y para no alargarme demasiado, la guinda del pastel: saber que sólo el 14% de la energía producida en Catalunya cotiza aquí.

Esto quiere decir que casi la totalidad de los impuestos que pagan las compañías que producen energía en Catalunya ayudan a engordar el erario de Madrid o de alguna otra comunidad autónoma donde está la sede fiscal. Y esto, además de haber sufrido una reiterada marginación en inversión en infraestructuras de distribución, a pesar de ser el principal mercado de ENDESA o de REE, que nos han provocado costes económicos acumulados que algún día se tendrán que valorar.

Por lo tanto, yo no sé cuando celebraremos el referéndum por la soberanía, pero algunos partidos que se han apuntado hace poco a la propuesta y quienes están a favor de la España autonómica o federal y que han tenido el poder en sus manos para imponer este retrasado mapa energético en Catalunya, tendrán que dar explicaciones sobre si sirven al bien común, o están a sueldo de algunos de estos lobbys energéticos que se hacen de oro gracias al incumplimiento y a los obstáculos que ponen al avance hacia el modelo energético del norte de Europa que es el que impulsa la UE y se acabará imponiendo.
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