En Suecia como en otras partes

05 de diciembre de 2014 (00:00 CET)

La derecha dura avanza en Suecia hasta el punto de haber contribuido a forzar el Gobierno de centro-izquierda a una convocatoria de elecciones a tres meses de las anteriores. Ahí tenemos un país magnífico, estable, prestigioso, rico, con una monarquía de rango, prácticamente sin corrupción, un país culto y tolerante, con mucha participación política, donde en casi todas las familias se lee un periódico cada día. Y ahora, va ganando electores el partido de derecha extrema de los Demócratas Suecos, liderado por el joven Jimmie Akkeson. ¿Por qué está ocurriendo esto? La causa es la inmigración y, especialmente, una política humanitaria de asilo muy receptiva.

En Suecia, como en otras muchas partes, poner en cuestión la laxitud de las políticas inmigratorias fue catalogado como políticamente incorrecto. Se eludió el debate. Ahora eso da ventaja a los nuevos líderes populistas de Marine Le Pen y al sueco Jimmie Akkeson y no es casual que ambos hayan sido capaces de dar otro aspecto a los partidos inmovilistas que heredaron.

Por ejemplo: Akkeson ha ganado credibilidad repudiando el racismo y a la vez distinguiéndolo de la xenofobia. Una cosa es creer en la desigualdad entre las razas y otra salir al paso del recelo al extranjero, sobre todo si llega masivamente y, como ocurre con el Islam en Suecia y casi en toda Europa, no se integra para nada en el juego plural del sistema político.

Un Islam intolerante y que se sitúa al margen de la vida sueca es ahora el objetivo de Jimmie Akkeson


Akkeson, en las últimas elecciones tuvo un 13% de los votos. Ahora puede ir a más. Ya era el tercer partido en el parlamento sueco, con 49 escaños de un total de 349. La BCC explica que al pedir la tolerancia cero con el racismo, Akkeson ha logrado romper con el lastre de intolerancia que le apartaba del avance electoral, del mismo modo que seduce a la gente que achaca a las élites políticas una política de inmigración tan relajada.

Ahí está el efecto de la política de residencia automática para los refugiados de Siria, por ejemplo. Los Demócratas Suecos, al apartarse de un historial con episodios neo-nazis, han ganado en una credibilidad que se traslada a las urnas. Un Islam intolerante y que se sitúa al margen de la vida sueca es ahora el objetivo de Jimmie Akkeson. Es una inmigración que grava significativamente el ya muy caro Estado de bienestar a pesar de reformas de mucha austeridad que propugnó el Gobierno de centroderecha.

Suecia fue un paraíso socialdemócrata de larga duración hasta que se puso el IRPF en el 80% y se dedicó más de la mitad del PIB al gasto público. Curiosamente, Jordi Pujol propugnó en la pre-transición el modelo sueco, lo que llevó a Josep Pla a decir que era muy extraño querer eso en un país --Cataluña-- donde no hay suecos. En los noventa, Suecia ingresó en la Unión Europea, pero por referéndum significativo, no aceptó el euro. Ahora, aun siendo previsible que Akkeson no gobierne, su mejorada presencia electoral determinará la nueva etapa política sueca.
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