Empieza una nueva fiscalidad

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22 de mayo de 2012 (13:40 CET)

Ahora que todo el mundo está recibiendo el borrador de su renta y los periódicos llenan sus páginas de consejos para pagar menos impuestos, parece un buen momento para hablar del sistema fiscal.

Hoy tenemos un sistema impositivo eficiente que se ha vestido como si fuera socialmente justo. En teoría quien más tiene más paga. Pero la realidad es otra.

Los ricos pagan poco, porque rico es aquel que tiene, y en España ya no existe el impuesto de patrimonio. Los pobres no pagan porque no tienen. Y la clase media paga porque no tiene otro remedio. Pero este sistema tiene una razón de existir: la mayoría de impuestos existen porque son fáciles de recaudar y no porque sean justos.

En la Edad Media, los señores hacían pagar un peaje para pasar por los puentes. Justo, tal vez no era, pero sin duda, era fácil de controlar. Ahora por ejemplo el impuesto más insolidario que tenemos recae sobre el trabajo y se llama Seguridad Social. Todos los contribuyentes (excepto los que cobran más de 40.000 euros al año) pagan más de un 30% (4,7% sale de la nómina del empleado y el resto de la empresa).

Así el Estado recibe un tercio de tu sueldo bruto anual des del primer euro que cobras hasta que llegas a un máximo anual de 12.000 euros de cotización. A partir de ese momento por mucho que te aumenten el sueldo, este techo de cotización ya no aumenta. En otros países esto no es así. Por ejemplo en Gran Bretaña la cotización es de un 12% del sueldo bruto, pero sin topes. En Francia en cambio es de un 23% y tampoco tiene topes.
  
¿A qué responde entonces este impuesto? Al principio de eficiencia. Su recaudación es sencilla y barata, ya que casi todo el mundo quiere pagar este impuesto. Estar al corriente de las cotizaciones a la Seguridad Social es lo único que garantiza la pensión de jubilación y, además, disfrutar de asistencia pública sanitaria.

El IRPF es un impuesto más justo ... en teoría. Porque graba más a las rentas más altas… (¡las declaradas, claro!). Esto quiere decir que si no declaras, no pagas impuestos (y si te esperas un poco, tranquilo que el Estado te hará una amnistía fiscal y ¡todo arreglado!). Es realmente sorprendente comprobar que las rentas DECLARADAS de los asalariados son de media 19.000 euros brutos anuales mientras que las de los autónomos y empresarios que los contratan son sólo de 11.000 euros.

Pero, ¿es esta la única forma de recaudar impuestos? La verdad es que no. Existen otros tributos que penalizan un determinado comportamiento. Como por ejemplo los impuestos sobre la gasolina, el alcohol y el tabaco. La gasolina contamina. Y se sabe que aquellos que consumen los dos últimos productos, enferman más, tienen más bajas laborales, viven menos años y usan más la sanidad pública. ¿Tiene lógica que paguen más?

Pues en Dinamarca han ido un poco más allá y han creado un impuesto los productos saturados en grasas. El objetivo anunciado es mejorar la salud de los daneses. La idea es similar a los resultados de un estudio hecho en 2003 por el Departamento de Sanidad (encabezado entonces por Xavier Pomés) o de un estudio del Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud que demostraban que por cada 10% de aumento del precio del tabaco se reducía su consumo entre un 4% y un 7%, según los países.

El Estado necesita dinero. Los contribuyentes están hartos y cabreados (sobre todo los catalanes, véase #novullpagar). Tú ya pagas unos impuestos para trabajar (Seguridad Social), para percibir un sueldo (IRPF) y para consumir (IVA), pero ahora (quizás) pagarás más impuestos según los alimentos que compres, según lo que contamines y quizás según tu grado de civismo. Por lo tanto la nueva forma de recaudar impuestos del gobierno danés puede ser una nueva apretada de tuerca fiscal.

Imaginación al poder.
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