El valor del intangible

21 de septiembre de 2012 (16:31 CET)

Decíamos ayer que el debate sobre el Estado español y catalán nos lleva a preguntarnos sobre qué bloques sociales están objetivamente interesados en la pervivencia de uno y en la creación del otro.

Decíamos que en el primer caso es un bloque interclasista del que saca más provecho la oligarquía econòmico-financiera y las élites burocráticas que se encuentran en el Palco del Bernabéu.

Del otro lado, en Cataluña, un amplio bloque social que integra a los segmentos más desfavorecidos y trabajadores,  y acoge a una buena parte de la burguesía situada en la economía productiva- no en la que se mueve en mercados cautivos o especulativos-.

Es evidente, sin embargo, que estos bloques de intereses objetivos no se traducen todavía en comportamientos políticos y electorales coherentes con esos intereses.

La ideología en el peor de los casos, y los valores, en el mejor, son armas que los sectores sociales y políticos esgrimen, con voluntad de liderazgo de los dos bloques, tanto para cerrar filas, como para dividir las del adversario.

Los días posteriores a la Diada están siendo una demostración de la importancia de las ideologías y de los valores en la batalla por la hegemonía.

Los argumentos del bloque social mayoritario español se soportan siempre sobre el concepto de autoridad y de la legalidad al servicio de esta autoridad y de la ideología nacional española, que parte de un supuesto que es la existencia de un ente casi eterno por encima de los avatares históricos.

Este bloque cuenta con la sacralización de una Constitución, fruto de un momento histórico, interpretada por los mismos mecanismos perversos establecidos en ella, de una forma asimétrica a favor del modelo centralista de poder.

Este desvío, que la parte española ve lógico, ha derivado hacia un proceso separador respecto a las nacionalidades catalana y vascas, cuyas élites habían hecho entre 1977 y 1979 otra interpretación en el seno del bloque constituyente.

En este contexto, de una transición insólita en Europa, porque no hay ningún estado europeo que haya sido sometido a dictaduras fascistas o comunistas que no haya pasado factura, ni que sea mediante el ostracismo, a los responsables del antiguo régimen, la hegemonía en el seno del bloque español está en manos de los segmentos sociales que apoyaron al franquismo.

La excepción está en las regiones tradicionalmente rojas donde el acuerdo entre la clase dominante y la socialdemocracia ha permitido generosos sistemas de subsidios que han ahorrado, a unos y otros, reformas sociales rupturistas.

Este bloque, cohesionado ideológicamente, sólo se tambalea entre los segmentos más explotados socialmente y que a la vez estén imbuidos de valores democráticos radicales. Algunos de éstos denuncian el modelo autoritario y clasista que secularmente ha tenido la constitución del Estado español.

Encontramos esta gente entre los electores de las izquierdas soberanistas y parte del electorado excomunista y los pocos intelectuales demócratas que ahora osan pronunciarse sobre el  modelo de Estado.

Que lejos quedan los años de la resistencia antifranquista, cuando una vez más, la fusión de demandas democráticas, sociales y nacionales hacían de Catalunya la vanguardia de la lucha y los intelectuales castellanos hacían cola para hacerse la foto junto al catalanismo.

En la parte catalana, ya hemos dicho que el segmento de la burguesía dependiente, sea porque es delegada de empresas del bloque oligárquico español, sea porque tiene el mercado cautivo en España, será el principal amplificador de la campaña del miedo, que es lo único que le queda al bloque dominante para deshacer la potencialidad del bloque social catalán, si se pone en marcha.

La transversalidad de argumentos desde algunos Círculos económicos hasta algunos articulistas que ahora van de extrema izquierda (el estado para qué) pasando por el PP, algún Psc y el C's, sólo se basan en la división por motivos lingüísticos, étnicos y en la amenaza de expulsión a las tinieblas con que el Estado español cree que puede condenar a la sociedad Catalana.

Pero al bloque emergente lo mueven tres valores difícilmente batibles: democracia, justicia y libertad.
Y aquí estamos. Pero les diré una cosa. La "pàjara" negativa que afectó a la clase dominante española y a parte de su intelectualidad después de lo que pasó en Cuba y Filipinas, fue respondida desde Catalunya con un movimiento regeneracionista y de alta creatividad artística, literaria, económica y política entorno al concepto Renaixença y nación catalana.

Cien años más tarde, mientras en Madrid, hace años que sólo se movilizan en contra (el aborto, la escuela pública, la ruptura de España) y ahora están atónitos del penoso resultado del "engendro" del Estado de las Autonomías (Esperanza Aguirre dixit), en Cataluña – tomen nota los empresarios- un millón y medio de ciudadanos en las calles y dos millones y pico de audiencia desde casa, se han involucrado, en plena crisis, en un proyecto ilusionador.

Algún economista puede valorar el capital económico de este intangible?
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