El sacrificio como praxis política

13 de enero de 2016 (20:00 CET)

El proceso ha conseguido incorporar a la CUP como factor de estabilidad política y así evitar el adelanto electoral. La apuesta de la formación anticapitalista en favor de la gobernabilidad de Cataluña, para hacer avanzar el proceso de independencia, implica su asimilación en el sistema tradicional de partidos.

Mientras la CUP adopta la razón de estado como forma de hacer política, Junts pel Sí ha asumido el sacrificio personal. Una práctica política que la CUP ha convertido en expresión de pureza de acción. La razón de estado implica cálculo y pragmatismo. El sacrificio, fe.

El sacrificio de un presidente de la Generalitat y de dos diputados de la CUP nos permite observar que el proceso de independencia ha pasado de sacrificar siglas políticas, como Convergencia, Unió o Iniciativa, a sacrificar personas.

La inmolación pública de la voluntad individual a favor de un bien colectivo difuso implica apostar por el altar del patriotismo para dirimir las diferencias. La nueva salida dada por el independentismo a la crisis de su liderazgo ha de ser vista como cambio de su naturaleza, que ha mutado hacia nuevas cuotas de esencialismo.

Algunos pensarán que estamos caminando hacia la colina del error, otros hacia las cumbres del éxito. En ambos casos todos están de acuerdo en apuntar, gracias a la CUP, que nadie es imprescindible para culminar el viaje. Que se deben abandonar los liderazgos fuertes en favor de liderazgos  compartidos, que cuando perece un guía es sustituido por otro.

Los guardianes del nuevo templo quieren que el mito no sea encarnado por persona alguna sino por la expedición en su conjunto.

Esta nueva naturaleza estará marcada por la necesidad de nuevos sacrificios políticos en aras de vivificar y renovar el proceso. Sacrificios que hagan más legítimo el proceso a los ojos de los ciudadanos, por la vía de nuevas renuncias.

La cuestión central de la nueva legislatura se podría formular de la siguiente manera: si el presidente de la Generalitat es capaz de sacrificarse por el proceso, ¿quién no debería hacerlo si las circunstancias lo exigen? Esta es la interpelación que perseguirá a todos los actores del nuevo gobierno, una vez acepten sus cargos.
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