El riesgo de deflación hace al BCE más receptivo a una última bajada de tipos

31 de marzo de 2014 (19:23 CET)

España ha vuelto a entrar en deflación al caer un 0,2% los precios al consumo en marzo, en lo que es la contención más fuerte desde finales de 2009 y la primera tasa negativa en cinco meses. España, junto con Portugal, Eslovaquia y Grecia que está en precios negativos desde hace un año, son la punta de lanza de la eurozona en la que el peligro de deflación preocupa hasta el extremo de que el BCE con Alemania a la cabeza, empieza a contemplar la posibilidad de nuevas medidas de estímulo que incentiven el crecimiento y alejen el peligro deflacionario.

Las bajas perspectivas de inflación y la moderada recuperación de la eurozona sientan las bases suficientes para que el BCE haga su política monetaria más acomodaticia y empiece a manejar una línea de comunicación muy alejada de la manejada en marzo, cuando Draghi expresó su convencimiento de que la autoridad monetaria europea estaba más lejos de tomar medidas de lo que en general se esperaba, aunque siempre con un margen de maniobra limitado.

Un mes después, las cosas parecen haber cambiado y la sensibilidad del BCE también, hasta el extremo de que el presidente del Bundesbank, Weidmann, ha dejado caer que la flexibilización cuantitativa (QE) no está descartada, apuntando incluso que un tipo de depósito negativo es factible, si bien en la actualidad está lejos de ser necesario.

El cambio de sensibilidad de los miembros del Consejo de Gobierno es claro, aunque existe un consenso en dejar de manifiesto que el peligro de deflación se alejará a medida que pasen los meses. El BCE, admiten algunos de sus miembros más destacados, podría comprar activos como hace la Fed estadounidense y situar en interés negativo el dinero que le depositan los bancos para fomentar la circulación del crédito y relanzar la economía.

A la vista de tales posicionamientos, la reunión del día 3 de la entidad monetaria cobra especial interés, ya que podría ser un buen momento para gastar la última bala del arsenal convencional, antes de rehacer un discurso más expansivo que convenza a los mercados de que el BCE está abierto a tomar medidas en cualquier momento.

El simple hecho de que el BCE pueda optar por una política de tipos negativos ha abierto un gran debate ideológico entre expertos, al considerar los economistas más liberales que el fin último del BCE no es tanto que fluya el crédito, forzando una situación al máximo, sino que lo que pretende y busca es que se siga abaratando el crédito a los estados para que éstos puedan seguir haciendo frente a una deuda que está alcanzando en algunos países una situación preocupante.

En opinión de estos economistas que defienden por encima de todo la ortodoxia en la política monetaria, ésta tiene unos efectos limitados y en el corto plazo sobre la actividad económica. “El protagonista de la salida de esta crisis --sostienen-- no será el BCE llevando la política monetaria a su límite. Al contrario, lo que está consiguiendo es desnaturalizar el mercado de capitales provocando situaciones absurdas, como que las letras del tesoro español paguen unos tipos de interés mínimos de su historia, cuando la deuda no hace más que crecer y el paro está en el 26% y no se reduce”.

Post-it

La flexibilización cuantitativa (FC) o Quantitative easing (QE) es una herramienta heterodoxa o no convencional de política monetaria utilizada por algunos bancos centrales para aumentar la oferta de dinero, aumentando el exceso de reservas del sistema bancario, por lo general mediante la compra de bonos del propio gobierno central para estabilizar o aumentar sus precios y con ello reducir las tasas de interés a largo plazo. Esta medida suele ser utilizada cuando los métodos más habituales de control de la oferta de dinero no han funcionado; como cuando el tipo de interés de descuento y/o tasa de interés interbancaria están cerca de cero.
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