El 'rescate' de Petrocat, un adiós a Prenafeta

08 de abril de 2014 (00:00 CET)

Que Repsol se quede con casi la totalidad del capital de Petrolis de Catalunya (Petrocat) tiene un simbolismo más allá de la pura operación empresarial.

La llamada petrolera catalana fue un invento del entonces todopoderoso Lluís Prenafeta, que ejercía de número dos de Jordi Pujol en los ochenta en su calidad de secretario general de Presidència. El empresario se inventó una compañía distribuidora de carburantes en los tiempos en los que aquellos dirigentes creían que un país era una combinación de industrias estratégicas y de negocios particulares.

La Generalitat impulsó aquella compañía y se atrajo a su órbita a las dos principales petroleras de capital español de entonces. Con un sistema de equilibrios accionariales, unas presidencias rotativas y una red de estaciones de servicio con bandera catalana se construyó una compañía que casi nunca fue un gran negocio ni para Catalunya ni para los catalanes. Las dos petroleras pusieron algo de dinero, pero sobre todo se garantizaron que sus proveedores eran ellas.
 
Lanzo una pregunta al aire a los que hablan en clave victimista al referirse a los negocios con base en Catalunya. ¿Qué les parece que Repsol rescate de la miseria a la petrolera catalana de bandera?

Prenafeta puso de consejero delegado a Josep Maria Calmet en 1990, cuando él se asignó la presidencia. Calmet, un hombre vinculado al sector negocios de CiU, siguió en la petrolera catalana 14 años, al principio como primer ejecutivo y luego como presidente. Fueron años en los que mandó el pujolismo en la empresa, pero que no sirvieron para solidificarla. Quizá el periodo más esplendoroso de Petrocat se produjo los tres años que Jaume Giró ejerció el mando en nombre de Repsol. Fue entre 2007 y 2010, y de 66 estaciones de servicio se pasó a 81 por la adquisición de la firma Energy Express. Los números se consolidaron y la empresa parecía tener de nuevo futuro.

Pero llegó después el turno de mando de Cepsa y la crisis económica. Nadie, ni los antiguos amigos de Prenafeta, se han preocupado de esa sociedad. En estos últimos cuatro años la compañía ha pasado una cierta agonía que, según explica la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), la tiene en una situación de virtual concurso de acreedores.

Así que ahora lanzo una pregunta al aire a todos aquellos que siempre hablan en clave victimista y nacionalista al referirse a los negocios con base en Catalunya, ¿qué les parece que Repsol rescate de la miseria a la petrolera catalana de bandera? Espero sus respuestas, pero ya les avanzo que la mía es bien sencilla: un adiós definitivo a Prenafeta y a los suyos, a lo que significaron ellos y sus herederos políticos. No supieron hacerlo, como les pasó con el parque Tibigardens o más tarde con Spanair. Y, sí, ya lo sé, ya lo sabemos todos, la culpa es de Madrid, que nos mata...
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