El renacimiento de Tánger

09 de octubre de 2013 (18:08 CET)

“Tánger es una ciudad mítica y el mito no se explica”. Así la definió el escritor marroquí Mohamed Chukri (1935-2003). Una ciudad mítica no sólo para el medio literario, sino ahora también, para el sector económico. Los que hemos viajado asiduamente a esta ciudad en los últimos años lo hemos podido comprobar. Allí convive una asombrosa diversidad de formas de vida y pensamiento. Su bullicio corresponde a la dinámica que le otorga ser un puerto que une dos continentes.

Fundada el 1450 AC por los fenicios, se ha mezclado con todas las culturas del Mediterráneo. Conviven la religión musulmana, cristiana y judía. Y por esta ciudad pasaron artistas como Paul Bowles, Bernardo Bertolucci o hasta los mismos Rolling Stones, que se han dejado seducir por sus callejuelas y espíritu.

La historia de la evolución de las ciudades y sus infraestructuras está llena de contradicciones y visionarios, que han entendido desde hace tiempo el efecto transformador del urbanismo en términos de estímulo económica. Gobiernos y empresas ambiciosas han canalizado inversiones en edificios, servicios y redes de transporte. Los ingenieros pioneros han diseñado y construido las carreteras, puertos, aeropuertos y complejos de apoyo al desarrollo regional.

Tánger no es ajena a esta evolución y los resultados están allí. Empieza a configurarse para ser una gran área de referencia. La dramática metamorfosis experimentada por esta ciudad del estrecho en la última década hace que sea un caso de análisis por los expertos.

A pesar de su prestigioso pasado, ha sobrevivido 20 años en la oscuridad y en el absoluto anonimato. Muchos la dieron por terminada y miles de sus habitantes emigraron. El punto de inflexión llegó diez años, cuando el rey Mohammed VI anunció un gran plan para la ciudad y su región, que incluye grandes infraestructuras, autopistas, carreteras de circunvalación, avión y tren de alta velocidad con el objetivo de restaurar la condición de centro económico y social que nunca debería haber perdido.

Si hay un proyecto que mueve este cambio es el puerto Tánger Med. Pieza central de este dispositivo, este enorme puerto de transbordo, uno de los más importantes del Mediterráneo, es sin duda la locomotora que tira de la economía de toda la región. Tánger Med hoy es algo más que un puerto. Es un mega-centro industrial donde se establecieron, y continúan haciéndolo, grandes operadores globales como Renault y todos los especialistas internacionales de la industria automotriz en particular, pero también en otros sectores como turismo, textil, alimentación, químicos o equipos eléctricos y electrónicos.

La particularidad del puerto Tánger Med en relación a otros en particular es el desarrollo de nuevas actividades como la terminal de cruceros, el puerto de pescadores, el abastecimiento de combustible, el transbordo y la creación de una zona de libre comercio de logística como Medhub, entre otras iniciativas.

Hay que destacar la presencia de miles de trabajadores y técnicos españoles, así como de centenares de empresas, especialmente pymes españolas y sobre todo de Cataluña, que se centran en el eje norte Tánger-Larache. Sectores como el textil emplean a más de 60.000 personas, con empresas como Inditex, Cortefiel, Mango... que están trabajando con proveedores locales. Un 90% de las textiles están operando en la región Tánger-Tetuán de la moda rápida (reaprovisionamiento continuo).

En Tánger también la clase menos favorecida es la más abundante, con salarios bajos que generan malestar y la sensación de afrenta. Ahora, sobre todo, es clave reforzar un fuerte impacto social de todos los proyectos y las diversas iniciativas para asegurar que Tánger y la zona del norte tengan un desarrollo socio-económico, integrado y equilibrado.

Los programas no son solas reformas circunstanciales, sino un gran proyecto para el futuro. El éxito del puerto Tánger Med, implica la transformación de la región en una zona internacional de libre comercio. Algunos ya hablan de sacar el polvo del plan de los años 50 que pretendía hacer de la ciudad y su área metropolitana un principado parecido al de Mónaco.

Dicen en Tánger que prometen estar a la altura de su reputación como una ciudad en la encrucijada de África, Europa, América y Asia. La ciudad del estrecho tiene muchas cartas por ganar esta vez la apuesta.
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