El PSOE presenta concurso de acreedores

27 de mayo de 2014 (00:00 CET)

Hace unos años, las leyes mercantiles referidas a la insolvencia de una empresa mantenían dos figuras diferenciadas para distinguir cuál era la verdadera situación de una sociedad. Por un lado, la suspensión de pagos; si la cosa iba realmente mal y los pasivos de la compañía superaban de forma clara los fondos propios se hablaba de quiebra, un estado del que era difícil recuperarse.

Con el tiempo y la evolución de la sociedad, la ley también cambió. Las empresas ya no están en suspensión de pagos o quiebra, sino en concurso de acreedores. La presentación de los libros al juzgado es casi una garantía de protección de una compañía mercantil frente a quienes reclaman deudas vencidas y no atendidas.
 
La salida de Rubalcaba podrá forzar un relevo en la cúpula pero difícilmente dará lugar a una política más moderna

Si hiciéramos un símil, el PSOE está en situación concursal. Sus acreedores, entendidos como votantes clásicos del centro izquierda español, le han retirado la confianza y sus resultados se han resentido de manera notable. La primera consecuencia práctica de ese estado de cosas es la dimisión del hasta ahora número uno del partido político en un intento de recomponer la institución y evitar la bancarrota política definitiva.

Al PSOE le costará mucho remontar esa insolvencia. En una empresa debería firmar un convenio de acreedores con quienes le reclaman y reestructurar su deuda. En lo político eso resulta más difícil y lo más próximo a un plan de empresa sería recuperar la iniciativa política y encontrar un espacio propio con el que recuperar la confianza de los electores en las urnas.

El partido socialista español tiene difícil evolución en los próximos años sea quien sea su líder. En el espacio político de centro izquierda se han adentrado otras opciones políticas que difícilmente cederán su puesto. Su ambigüedad en cuestiones como la morfología del Estado tampoco son ajenas al desplome de las últimas elecciones europeas, sobre todo en Catalunya. La salida de Alfredo Pérez Rubalcaba, el omnipresente dirigente de todos los tiempos, podrá forzar un relevo en la cúpula pero difícilmente dará lugar a una política más moderna y acorde a los tiempos.

Al PSOE se le presentan tiempos difíciles. El partido de gobierno, el partido de la crisis, el partido del caso Bárcenas, de la corrupción, ha vuelto a vencer en una convocatoria electoral. Desde 2004, el PSOE no ha vuelto a ser ni una sombra tenue de aquello que fue en otros tiempos. Podemos, Izquierda Unida, en parte UPyD, también Ciudadanos e incluso otras opciones minúsculas se han repartido su legado político como muestra de que su mensaje ni es claro ni es convincente.

Parece que la llegada de Carme Chacón es inminente. Tiene un perfil más izquierdista que la actual cúpula, pero también pertenece a la política antigua, aquella que se hacia gracias a las apariciones televisivas y a cuatro mensajes que después podían alterarse a conveniencia en el ejercicio del poder. Un activo que maneja con soltura, pero poco apropiado para restituir una situación de insolvencia política que puede fragmentar de manera peligrosa el centro izquierda español y atomizarlo hasta lograr su irrelevancia parlamentaria. Hasta la insolvencia definitiva.
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