El protocolo empresarial

09 de marzo de 2015 (12:50 CET)

Estamos acostumbrados a ver como las empresas organizan despedidas de jubilados, asambleas de socios, presentaciones de productos, inauguraciones o jornadas de puertas abiertas. Pero, ¿nos hemos preguntado alguna vez quién está detrás de todos esos actos? Sería raro que su organización se dejase a la suerte de la buena María, pero ¿qué sucede, entonces? Bien, el protocolo está plenamente incorporado al ámbito de la comunicación estratégica de la empresa como elemento esencial que expresa los paradigmas de su propia cultura, estilo e imagen que se desea proyectar a los públicos. En este sentido, el protocolo es uno de los ámbitos de fijación y expresión de la identidad y la imagen corporativa de las entidades, es decir, una de las expresiones de su cultura y de su sistema de valores. Enseña a adaptarse y a elegir las opciones más adecuadas en cada ocasión, pero sin perder de vista el respeto y la reafirmación del código propio de la organización.

Así pues, es habitual que dentro de las estructuras de comunicación de las empresas se incorporen especialistas en protocolo, cuya función no es otra que ayudar a tejer los hilos de lo que acaba configurando la imagen y la cultura corporativas. Obviamente, el protocolo se ha adaptado a las nuevas realidades y a las costumbres de la vida moderna, y va mucho más allá de saber cómo se colocan los cubiertos en una mesa o de cuándo procede esmoquin o chaqué, hasta el punto de que las relaciones protocolarias forman parte del entramado de la actividad humana donde la buena intercomunicación y las relaciones fluidas son imprescindibles.

Hace algunos años un famoso banquero puso de moda encargar a un realizador de televisión la puesta en escena de las asambleas generales de su compañía, que, por su colorido y morfología, recordaban a las convenciones electorales del sistema norteamericano. Es un simple ejemplo de que esta cultura protocolaria forma parte ya del acervo de las grandes empresas, pero, lo que parece claro, por tanto, es que el protocolo cada vez se asemeja más a la técnica comunicativa que tiene por objeto lograr la eficacia y la excelencia en las actividades públicas de las empresas y las instituciones y, así, sus funciones van encaminadas a generar una imagen positiva, ahorrar tiempo y dinero en la organización de los actos y mejorar las relaciones interpersonales y la atmósfera dentro de la empresa. En definitiva, el protocolo debe propiciar que el esfuerzo diario tenga como objetivo una progresiva adecuación de la imagen interna y externa de la organización y que los públicos así la vayan percibiendo e interiorizando.

José Sixto es director del Instituto de Medios Sociales
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