El plan B de Junqueras es 'okupa'

30 de enero de 2014 (00:00 CET)

La fractura normativa acaba siendo el desenlace político de partidos como ERC, partidos de fragmentación. ERC lo ha sido y lo sigue siendo. Es tanta la insistencia en situar la democracia por encima de la ley que lo somete todo --sistema económico, derecho y representatividad-- al fin secesionista, sin mecanismos de alternancia o rectificación.

Es por segunda vez que Oriol Junqueras amenaza con subordinar la dinámica económica de Catalunya al propósito de secesión. Ya lo proclamó en Bruselas, con estupor de los presentes y ausentes. Una sordina mediática minimizó el estropicio.

Ahora, ante una audiencia de jóvenes empresarios, Junqueras nuevamente se ha manifestado dispuesto a parar la economía catalana por una semana, en prueba de que no importan los siete días que pondrían el crecimiento y la estabilidad contra las cuerdas, sino los objetivos del secesionismo en el horizonte perenne que cifra hoy el tricentenario de 1714. Se hace difícil abarcar tanto arcaísmo, tanta desconsideración por lo que es una sociedad del siglo XXI.

 
Se le ha rectificado desde Convergència, pero con un prodigio de timidez
 
Junqueras afirma que para ERC no hay plan B porque el único fin concebible es el derecho a decidir. Pero paralizar la economía es un plan B y no es inocuo. Sería una semana intensiva de regresión, de bloqueo en transacciones y servicios, de caos sin paliativos. Y ya es la segunda vez que el líder de ERC hace ese reto. No es un mecanismo conciliable con el Estado de Derecho: es un plan okupa, sin más.

El mundo empresarial catalán anda entre el desasosiego y la estupefacción. De una parte, busca vías de mediación que los políticos parecen incapaces de concebir. Por otra, confió en el Gobierno business friendly del presidente de la Generalitat y ahora contempla como el socio preferente de Convergència, ERC, propone abrirle un boquete a la recuperación económica.

Consecuentemente, el foro KDF de directivos alemanes advirtió al conseller Felip Puig de los efectos fatales que la secesión tendría en términos económicos. Hay inquietud en las embajadas en España, y sus consulados en Barcelona se afanan intentando entender lo que es ininteligible.

Mientras tanto, ERC --siendo Junqueras a la vez líder de la oposición-- sigue decidiendo en esa extraña pareja política con CiU. En cualquier momento, ERC llevará a Unió a su límite de tolerancia. Y Junqueras sigue en la brecha, acusando al establishment de presionar contra la independencia como si en una democracia la presión leal no fuese legítima.

¿Cómo no ha de confundir los argumentos razonables con la presión alguien que propone una semana intensiva de inactividad económica? Es un absurdo dialéctico de okupa, anti-sistema cuando dice que los empresarios son unos privilegiados.

De ERC ya había precedentes de graves irresponsabilidades. Ahora también son atribuibles a Artur Mas. Los días de vino y rosas de una Generalitat business friendly ya acabaron. El plan B consiste en cerrar farmacias y hoteles, parar los tractores y enviar piquetes a los parques tecnológicos. Cosas del profesor Junqueras.
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