El paripé de la financiación

12 de julio de 2009 (12:00 CET)

Parece un secreto a voces entre los que más o menos están en la pomada que hay ya un acuerdo sobre la financiación autonómica entre el tripartito catalán y el gobierno español. Parece también evidente que llegados a donde hemos llegado, y con la que está cayendo, nadie va a decir no a un acuerdo que pone 3.000 y pico millones en las arcas de la Generalitat, nadie que no sea un absoluto irresponsable, vamos. Si hasta las comunidades del PP van a optar por el “coge el dinero y corre”, aunque luego juren que no están de acuerdo con como se ha hecho el reparto.

Y si ya existe el convencimiento de que no hay más que rascar y que sólo queda discutir el momento del sí, ¿a qué viene tanto intríngulis? Pues que hemos llegado a un punto en que tanto o más que el contenido lo que parece importar de verdad es la foto y su retorno electoral.

Me comentan los que saben de esto que ERC tiene claro desde hace días que el principal problema es cómo venden el sí, cómo convencen a sus bases más reticentes y cómo rebañan electores dudosos a la opositora CiU. Y que la estrategia que parece haberse impuesto es la de decir que no durante unos días más -¿el fin de semana?-, intentar forzar una reunión con Zapatero si es posible y salir de esa foto con algunos millones más bajo el brazo.

Si consiguen ese momento, ERC va a poder decir que ha sido gracias a ellos que se ha mejorado el único pacto posible y, además, neutralizar el famoso apretón de manos entre el presidente del gobierno español y Artur Mas que dio paso al Estatut.

¿Y CiU? Los nacionalistas catalanes creen que la única salida es dar un rotundo no al acuerdo de financiación, al menos mientras las encuestas les sigan asegurando que mantienen su amplia base electoral aunque radicalicen su mensaje. No hay alternativa real a este acuerdo de financiación, es bastante más de lo que había, pero aceptar este hecho no sirve para la batalla electoral si se está en la oposición, o al menos así lo piensan.

¿Cuál es, pues, su posible estrategia? Descalificar el acuerdo e incluir entre sus reivindicaciones el concierto económico. Éste es al menos el sentir de una buena parte de la dirección convergente.

La pregunta que nos podemos hacer es si vamos a tener suficiente paciencia para seguir aguantando mucho más tiempo disquisiciones semejantes como el centro de la política catalana. La grave crisis económica en la que estamos inmersos y el nuevo mundo que tenemos que empezar a alumbrar requerirían probablemente otras preocupaciones también aquí.
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