El oso y el dragón

11 de mayo de 2015 (16:50 CET)

El sueño chino, la brújula ideológica del presidente Xi Jinping, ha encontrado un eco amigo en el corazón del oso, por ahora herido como consecuencia de las sanciones y castigos económicos de occidente después del debacle ucraniano.

Las celebraciones en Moscú del 9 de mayo para conmemorar la derrota de los nazis en 1945 contaron con la presencia del líder chino como invitado de honor, cimentando todavía más la ya estrecha relación entre las dos potencias.

La emergencia del mundo multipolar y la preservación de sus esferas de influencia política y económica a nivel global son el núcleo a través del cual las estrategias sino-rusas, en conjunto y por separado, giran. Es un juego geopolítico interesante, defensivo y ofensivo a la vez.

Además de los fuertes lazos financieros forjados a través de proyectos conjuntos de la banca multilateral, tales como el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura y el Banco de Desarrollo BRICS, la venta rusa de 38 billones de metros cúbicos de gas para los próximos treinta años asegurará que los fuegos industriales del dragón sigan vivos a largo plazo.

Desde mediados de 2014, Rusia ha vendido armamento sofisticado a China, aunque con recelo, dada la predilección china por copiar tecnología. Actualmente, la industria de defensa rusa está desarrollando el S-500, un sistema supersónico de misiles tierra-aire, capaz de interceptar objetivos en el espacio exterior a velocidades de cinco kilómetros por segundo. 

A pesar de la estrecha alianza política y comercial sino-rusa, Putin ha demostrado querer contrarrestar la creciente influencia china en Asia central con la creación de la Unión Económica Eurasiana, que entró en vigor en enero de este año. Con un mercado único integrado de 176 millones de habitantes y un producto interior bruto de cuatro trillones de dólares, este nuevo jugador geopolítico será interesante, sobre todo si el petróleo eleva su valor.

Aunque el acercamiento entre las dos potencias se remonta a los inicios de la Guerra Fría, ha sido la reciente crisis ucraniana el detonante para el acercamiento de Moscú hacia Beijing. Sin querer, es muy posible que las sanciones occidentales hayan creado a su más fuerte enemigo.

Como si de una criatura mitológica se tratara, una alianza entre la fuerza del oso y el fuego del dragón no se puede subestimar. Después de todo, fue el zarpazo del oso el que venció al aparentemente invencible Tercer Reich en Stalingrado. Y aunque todavía quedaba guerra por delante, fue allí donde la libertad europea renació.

Rosy Milene Meza es abogada y doctora en jurisprudencia estadounidense

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