El "NO" de Grecia y sus consecuencias para España

06 de julio de 2015 (10:37 CET)

Grecia ha votado NO a la austeridad, NO al retorno de su deuda y NO al cumplimiento de sus obligaciones con sus deudores. 

¿Por qué? Después de siete años de aplicar las recetas de la austeridad, de que el producto interior bruto pase de 242.000 millones de euros (más que Cataluña) a menos de 180.000 millones, de que su renta per cápita haya disminuido en más de un 35%, de descubrirse que sus cuentas públicas eran falsas y de que su economía sumergida supone más de un 30% de su PIB, Grecia ha dicho que no paga.

Puede parecer una locura, pero si nosotros ya nos quejamos de la crisis comparemos algunas cifras: En el mismo período, nuestro PIB ha pasado de 201.000 a 192.000 millons, nuestra renta per cápita se ha disminuido en el 5,4%... ¿y nosotros nos quejamos de la crisis? ¡Que se lo pregunten a un griego!

¿Le puede ocurrir lo mismo a España? Nada en economía es predecible al 100%. Sin embargo, hay varias razones para a tener en cuenta, aunque la ortodoxia nos inclina a hacer pensar que no.
Somos diferentes de Grecia… Too big to fail --demasiado grande para caer--España es demasiado grande para llegar a la situación de Grecia. Ya que España es una economía siete veces mayor que la de Grecia, exporta casi diez veces más y exporta cinco veces su volumen.

Por tanto, su impacto en la eurozona seria de ese calibre. Así que por muy irresponsables que hayan sido nuestros gobernantes (¡y nosotros por votarlos!), no nos van a permitir impagar (ni aunque gane las elecciones el señor de la coleta). Pase lo que pase con Grecia, existe una autoridad monetaria llamada Banco Central Europeo (encarnada por su presidente Mario Draghi) que ya ha demostrado que es capaz incluso de desobedecer a la superpoderosa Alemania e incumplir sus estatutos imprimiendo dinero para dotar de liquidez a los países periféricos.

Así que, llegado el caso, Draghi sería capaz de imprimir mucho más dinero para cederlo a España y tirar la pelota hacia delante como se ha hecho hasta ahora.

Situación del país. Como ya hemos explicado más arriba, ni en España ni en Cataluña se ha padecido la crisis hasta extremos como los han padecido los griegos. Por tanto, es difícil que se dé un cambio tan copernicano como el griego y nuestros nuevos gobernantes decidan que es mejor dejar de pagar y arriesgarse y ver lo que pasa. Pero no tanto…

Historia de impago. Se dice que España es la economía del mundo que más veces ha dejado de pagar a sus deudores: 14 veces. Lo hizo en los años: 1557, 1575, 1596, 1607, 1627, 1647, 1809, 1820, 1831, 1834, 1851, 1867, 1872, 1882.

Y aunque es verdad que desde hace ya dos siglos el Estado paga puntualmente a sus deudores, no es menos cierto que el equilibrio de las cuentas públicas sea una religión de los gobernantes ya que desde 1850 hasta ahora, los años en que las cuentas públicas se han equilibrado han sido puntuales.

Por ejemplo, entre 1980 y 2012 sólo en ocasiones el Estado tuvo superávit. En los demás 29, el Estado tuvo déficits presupuestarios, es decir, gastó más de lo que ingresaba y tuvo que pedir prestado. Grecia, en cambio, sólo tiene seis impagos en su haber. Aquí les ganamos por goleada. 

Adoptar una política económica independiente de la UE. Hay muchas voces que apuestan por una ruptura con el status quo, abogando por una salida del euro, una devaluación competitiva y un crecimiento vía exportaciones y turismo que beneficiaría a comunidades como Cataluña en que estos dos componentes del PIB son importantes.

Sin embargo, España es algo más que Cataluña y existen todavía numerosas ayudas desde la UE hacia sectores agrícolas. Unas subvenciones que dado el reducido tamaño de nuestra agricultura (3% del PIB) afectan tanto a terratenientes con sede en Madrid como a agricultores individuales agrupados entorno a poderosos lobbies agrícolas.

Quedarse tiene costes. Los conocemos muy bien. Salir también tiene costes, pero desconocidos. Por tanto. ahora con Grecia sabremos lo que significa salir de la política económica de la UE. A lo mejor nos llevamos una sorpresa y no es tan malo el lobo como lo pintan… 

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