El nacionalismo financiero gallego

16 de diciembre de 2013 (23:28 CET)

La subasta de las cajas de ahorros nacionalizadas por el Frob aflora un subyacente sentimiento político-financiero de perfil nacionalista. En el caso gallego y la venta de Novagalicia Banco, se han presentado a la puja las representaciones de la gran banca española (BBVA, Santander y Caixabank), además de los venezolanos de Banesco, propietarios del Banco Etcheverría.

Guggenheim, WL Ross y JC Flowers, fondos de inversión extranjeros, también se han incorporado al concurso. El propósito de estos últimos es tan oscuro e impredecible como cualquier proceso en el que participe la mano del capital riesgo. De ahí que sorprenda, y no poco, que en el mundo político gallego haya una cierta connivencia con esas ofertas.

La subasta respira diferencia de opiniones entre el propietario (Frob) y las autoridades gallegas. El primero persigue el máximo importe, mientras que la Xunta gallega parece más preocupada por mantener una eventual galleguidad. Paradójica voluntad: de facto, esa autonomía, como la valenciana, los ha perdido todos en un tiempo récord. Una realidad que no le impide al poder político regional despreciar la llegada de los grandes bancos españoles a ese mercado. Si es racional o una especie de envidiosa respuesta interterritorial es, en cualquier caso, un debate posible y necesario en la Galicia del siglo XXI.

 
¿Se supone que los fondos extranjeros serán más sensibles al territorio que la gran banca española?

Suponen quienes defienden la opción no española que la actuación final de los fondos venidos de fuera o de los banqueros venezolanos puede ser más sensible al territorio, a su idiosincrasia y morfología que los fondos extranjeros. Todo es posible en el mundo económico, incluidos los compromisos idealistas y faltos de garantías. Otra cosa diferente es lo que dicta el sentido común o nos alecciona la historia, en Galicia o en las antípodas.

Entre la gran banca española hay modos de proceder poco uniformes. Por ejemplo, BBVA ha entrado de pleno en el mercado catalán con la compra de las cajas de ahorros de Unnim sin complejos. Ni ha respetado los signos de identidad ni apenas el rôle social que esas entidades tenían con sus entornos operativos. Diferente es el papel de Caixabank, que por mor de su cultura de caja de ahorros ha sido más sensible al engullir Banca Cívica (varias cajas en Sevilla, Canarias y Navarra) o el Banco de Valencia. Del Santander no hay precedentes, puesto que no se ha tragado ningún sapo de la crisis bancarias española hasta la fecha. Por tanto, todo se le supone.

El ganador o adjudicatario, al final, será una simbiosis entre lo que el mercado ofrece, los políticos del Frob y el Ministerio de Economía decidan que vale el banco público gallego y la capacidad de presión de Alberto Núñez Feijóo ante estos últimos. En cualquier caso, el nacionalismo financiero de Galicia, triunfe o sucumba a la realidad, no es más que un acto reflejo –y no siempre racional– de una sociedad preocupada por la pérdida que ha supuesto la crisis de su gran grupo financiero local. En unos casos, por razones identitarias y sentimentales. En otras, menos sostenibles, por la pérdida de un virreinato financiero que administraron mal, tanto como para perder su control y propiciar pérdidas irreparables para muchos ahorradores. Está pasando estos días con Novagalicia Banco y pasará en unos meses con Catalunya Banc.
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