El mundo empresarial y la independencia: afectos e intereses

09 de septiembre de 2013 (08:14 CET)

De manera creciente se acusa al empresariado de ser un freno en el proceso hacia la independencia de Catalunya. Unas personas que no saben de afectos y no atienden a las reclamaciones políticas de los ciudadanos ni, incluso, a las recomendaciones de economistas expertos en la aritmética macroeconómica. ¿Es homogénea la posición del mundo empresarial? ¿Existe ese foso entre ciudadanos y empresarios?

Considerar al empresariado como un bloque homogéneo es erróneo, del mismo modo que lo es afirmar que esa homogeneidad se da entre la ciudadanía. Aunque no sean mayoritarias, voces del mundo empresarial se manifiestan a favor de la independencia. Y por lo que a la ciudadanía en su conjunto se refiere, las encuestas de ayer en diversos medios muestran que esa homogeneidad tampoco se da. Que la complejidad es enorme, si bien es indiscutible el arraigo de la idea independentista.

Por lo que al foso entre ciudadanos y empresarios se refiere, creo que no es cierto. Aunque para algunos promotores de la independencia nada resulta más sencillo que culpar al empresariado no independentista de anticuado o interesado. Les resulta mucho menos exigente que pensar el porqué de la posición empresarial.

Creo que la ciudadanía se muestra favorable a la independencia animada por afectos e intereses. El afecto, el sentimiento catalanista se halla muy arraigado si bien, hasta hace poco, no se había comprometido significativamente con la independencia. Diversos factores racionales han animado el cambio. Pero a ese independentismo se le ha unido el de los intereses. Personas sin tradición catalanista hoy defienden abiertamente la independencia, convencidos de que con ella su bienestar económico saldría reforzado. Una idea fuerte, especialmente en estos tiempos de profunda crisis. Sin ir más lejos, estos días CiU lanzó una campaña “L’Espanya subsidiada viu a costa de la Catalunya productiva” a la vez que el presidente de ERC insistía en las ventajas económicas del Estado propio.

¿Y qué mueve a los empresarios? Pues, al igual que a los ciudadanos en su conjunto, les guían los afectos y los intereses. Y atendiendo a sus intereses ven la independencia, en general, con temor. Y su opinión no ha de resultar determinante --no hablamos solo de intereses-- pero debe ser escuchada y respetada, pues en una economia capitalista la riqueza no se origina ni en la política ni en los cálculos aritméticos de los economistas. Se origina en el hacer del mundo empresarial. Por ello, en el debate que nos ocupa su opinión es relevante.

¿Qué factores asustan al mundo empresarial? Se menciona que casi la mitad de nuestras ventas fuera de Catalunya se orientan al mercado español. Es cierto y no es un factor menor, aunque no creo que sea el más determinante: el gran problema radica en la extraordinaria integración entre la economia catalana y española. Sin una voluntad extrema (que no la hay) de entendimiento entre Catalunya y España no hay manera de deshacer, sin consecuencias severas, el complejísimo entramado económico. No estamos hablando de una separación entre seres con vida propia --como el recurrente ejemplo de la separación de un matrimonio-- ni de la amputación de un miembro --como un brazo-- ya de por sí grave. Nos referimos a algo sin precedentes históricos y que, siguiendo con los ejemplos quirúrgicos, sería como una delicadísima operación de separación de siameses con órganos vitales compartidos. Las experiencias provenientes del desplome soviético, como las bálticas o las balcánicas, no tienen, por suerte, nada que ver con nuestra realidad. Y, añadamos otro factor: una parte del mundo empresarial no comparte esa idea extendida de que Catalunya es un país singularmente rico y avanzado, una especie de Dinamarca. Catalunya disfruta de grandes activos pero, no nos engañemos, algunas debilidades son preocupantes.

Y, desde los afectos, no observo diferencia sustancial, al fin y al cabo un empresario es un ciudadano como cualquier otro. Aunque sí quisiera señalar un matiz. Dialogando con empresarios y directivos que operan en el mercado español, salta a la vista que la mayoría sienten afecto por ciudadanos españoles con los que habitualmente se relacionan. Esa relación habitual, ese roce, genera un sentimiento que no anima a la ruptura. En otros colectivos, el roce con ciudadanos españoles es nulo, y sus criterios se conforman, a menudo, a partir de los medios de comunicación. Y lo mismo sucede en sentido contrario y por todas partes: de manera creciente los ciudadanos de una Comunidad Autónoma reducen, cuando no anulan, el contacto personal con ciudadanos de otras comunidades. Y ya se sabe que el roce engendra cariño (en general).

Sigo pensando lo que ya mencionaba en Economia Digital hace muchos meses: si el proceso independentista se fundamenta en una sólida mayoría social animada por un sentimiento patriótico, el proceso tiene todo su sentido --patriotismo en el sentido de asumir consecuencias económicas adversas a cambio de un objetivo político superior--.

Si, por el contrario, lo que anima es la búsqueda de un mayor bienestar económico inmediato, mejor cambiar de rumbo. Ninguna razón impide considerar que una Catalunya independiente fuera viable y con un elevado bienestar. Pero no es ni seguro ni automático, dependería de cómo se hiciera. Y, a corto y medio plazo, creo que el bienestar económico se deterioraría. Espero haber contribuido a que se entiendan los temores del empresariado.
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