El mejor momento de la Historia

05 de noviembre de 2014 (20:22 CET)

¡Sí! Han leído correctamente el titular de la columna. Yo también he pensado al comenzar a redactarla que me haría falta una buena copa de alcohol, del fuerte claro, para poder avanzar en el texto de esta semana. Pero tomo aire, me tumbo en un sofá, que no en un diván, echo la mirada atrás y pienso con frialdad: ¿en qué época de la historia hemos vivido mejor que ahora?.

Sí, ya sé que tenemos a los amigos de la corrupción campando a diario por nuestro país, ya saben, sean el grande o el pequeño. Nombres ya consagrados como los Bárcenas, Pujol, el cuñado de Mas, los amigos de los EREs, y otros sinvergüenzas que han tenido esa horrible tendencia de poner la mano en el dinero público. También tenemos los “futuribles”, cuyos nombres no podemos citar, no vaya a ser que alguno se ponga nervioso. Todos han aprovechado una sociedad bastante ignorante para cabalgar a sus anchas.

Hace días me explicaban, por ejemplo, un tema de alguna gran institución pública, creo que queda bien ambiguo el tema. Donde ante una denuncia a la intervención por una adjudicación extraña ésta respondió, en un alarde de clara ignorancia sobre que es lo público y cómo hay que cuidarlo, “que un año robaban unos y otro año otros”. Vamos que tampoco era preocupante. Que eso había pasado siempre. Claro con mentalidades así entenderemos que el camino aún es muy largo.

Porque aquí meten las manos unos, y otros miran para el cielo. Yo la verdad que he tenido la suerte de no trabajar nunca, o casi nunca para la administración pública, me sorprendo de las capacidades intrusivas en lo ajeno de algunos. Pero también del silencio de otros. Perdón, pero que mierda es un trabajo donde permites tal violación y callas. A pesar de ellos, unos y otros, y como recordaba el otro día un personaje, podríamos decir curioso, como Hervé Falciani, podemos todavía tener esperanza. Tenemos la suerte de disponer al menos de algo diferente a otros países, jueces valientes. 

Somos la primera generación prácticamente que no ha sufrido una guerra, que no ha sufrido una postguerra, que no ha sufrido una dictadura. Algunos frustrados que escasamente pudieron hacer pasillos en universidades de tercera, pero, alimentan este caos. Me gustaría que algún día algún juez también investigará los méritos para hacerse con plazas de profesor de universidad. Porque quieran o no eso también es dinero público. Ya saben tenemos un personaje, el tertuliano Pablo Iglesias, que alardea de sus matrículas en su segunda carrera, pero olvida citar sus mediocres notas de la primera. Tuvo la suerte el personaje que todos esos años fueran pagados por ciudadanos anónimos del país

Porque aquí algunos quieren destrozar un país por unos corruptos que deberían estar todos en la cárcel. Olvidan, supongo que debido a su miserable y aburrida existencia hasta su aparición en la televisión, que estamos en el mejor período de la Historia. Un periodo donde todos tenemos algo tan básico como la libertad de movimiento, la libertad de ideas o la libertad de escribir lo que nos venga en gana. Algo elemental pero que viajando por el mundo te das cuenta es un privilegio. Algunos usurpadores quieren hacer creer a los más ignorantes que esta es una opción mínima y se equivocan. Ellos son fruto de esta sociedad, y los primeros en aprovecharse de la misma.

Unos han sido corruptos en la política y otros en la Universidad. No debemos engañarnos ellos surgen porque el país ha mejorado. Y claro que hay que mejorar más. Como hemos repetido eternamente el gran problema del país no es la política o la corrupción, sino algo tan elemental como la educación. En una sociedad bien instruida, ninguna intervención de una institución pública dirá que cuando unos roban es que otros roban. Ningún ciudadano creerá que el Dorado es Venezuela o Cuba. Nadie será incapaz de analizar que hace 300 años esto si era una sociedad feudal de castas, y de ella no vale casi ni el recuerdo.

La educación, la lectura, la palabra son las claves del nuevo siglo. Somos muy afortunados en el mundo donde vivimos. Somos unos privilegiados. Que un día no comemos, nos podemos levantar al siguiente. Que un día no dormimos, aún tenemos donde refugiarnos. Quizás nuestra generación esta perdida, pero dotemos a las próximas generaciones, nuestros hijos y nietos, de ese escenario donde aspectos y personajes tan putrefactos como los actuales no sólo no tengan cabida, sino sobretodo sean vistos como extraños por cualquier persona instruida. La verdad hay muchas cosas que mejorar, pero no nos carguemos nuestra base social funcional tan privilegiada. Los corruptos a la cárcel, los populistas a explicar como han llegado hasta ahí. Verán que unos y otros se han aprovechado del resto, de usted y de mí.
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