El independentismo, ¿mayoría ilusoria?

24 de febrero de 2014 (00:00 CET)

Dar por sentada una mayoría indestructible pro-secesionista podría acabar siendo el mayor error de Artur Mas. En realidad, hay motivos para considerar que se trataría de una mayoría ahora mismo ilusoria, según un concepto que usan algunos sociólogos. Son ilusiones de mayoría que vienen generadas por Internet, las redes sociales, el diligente activismo por twitter, reiteradas escenificaciones gestuales.

¿Y si el independentismo fuese ya una mayoría más bien ilusoria? Al pasar por el tamiz demoscópico las dos célebres preguntas de un referéndum en cuya celebración casi nadie cree obtenemos una abultada contradicción entre quienes manifiestan su deseo de acceder a un indefinido derecho a decidir y quienes están decididos a separarse de España y penetrar en el limbo extra-europeo. Son dos voluntades que no suman, en exceso heterogéneas.
 
No es lo mismo alimentar la ficción en twitter que acudir a las urnas

Desde los inicios del “proceso” han ocurrido no pocas cosas. Por supuesto, la menor no es el inicio de la recuperación económica. Otro factor es el reposicionamiento del PSC conducido por Pere Navarro. Así mismo tenemos una reflexión interna en IC, de dimensiones todavía por calibrar. En Convergència aparecen las primeras grietas y en Unió los entusiasmos son escasos. Queda ERC, como baluarte, con un historial que abunda en guerras intestinas, descontrol y una tendencia electoral errática, de sube y baja. Así está la supuesta mayoría parlamentaria soberanista, CUP aparte.

Pero lo que llevó a iniciar el “proceso” fue una presunta mayoría indestructible en la calle, a la que la estrategia secesionista dio tanto valor como para atribuirle una legitimidad superior al imperio de la ley. ¿Sigue existiendo aquella hipotética mayoría o es ya más bien ilusoria?

Al calcular las fuerzas del independentismo no se acostumbra a tener en cuenta el efecto reactivo que provocan las reafirmaciones radicales. Y ese elemento reactivo se está dando, aunque no cuantificado. Aparecen iniciativas espontáneas, nuevas voces, plataformas digitales y una posible sensación de fatiga. La pregunta es si no podemos llegar a un hartazgo que convierta las cuantiosas reservas del abstencionismo electoral en un voto específicamente adverso a la independencia.

Se ha producido a la vez un realineamiento mediático, al margen de la amplitud de sectores sociales que viven en desconexión permanente con el sistema mediático nacionalista. Son síntomas de una sociedad que se fragmenta y polariza, no de una sociedad unida tras los estandartes de la secesión.

Mayoría indestructible o mayoría ilusoria: no es una encrucijada cualquiera, a la que no es ajeno el nacionalismo con más sentido político e incluso parte del Gobierno de la Generalitat.

A ratos y de cada vez con mayor intermitencia, afloran indicativos de una mayoría que ya es más ilusoria que indestructible. En todo caso, no parece detectable una configuración exacta de la opinión pública en Catalunya porque se están produciendo flujos y desplazamientos silenciosos. Son opciones que contrarrestan la movilización permanente --y más bien parcial, sectorial-- que es hoy por hoy el sustento del “proceso”. No es lo mismo alimentar la ficción en twitter que acudir a las urnas.
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