El hombre que tenía dos esposas y Artur Mas

18 de abril de 2013 (19:09 CET)

'Hace muchos años, un hombre de mediana edad tenía dos esposas; una de ellas joven, la otra, vieja. Las dos lo querían mucho y cada una de ellas deseaba que el hombre fuera como ellas. Pero el cabello del hombre empezaba a encanecer, lo cual no gustaba a la joven, porque lo hacía demasiado viejo para ella. Todas las noches solía peinarlo y aprovechaba para arrancarle todos los cabellos blancos que veía. Por su parte, la vieja veía complacida cómo el cabello de su marido iba encaneciendo, pues no le gustaba que la tomasen por su madre. Todas las noches, con la excusa de arreglarle el pelo, le arrancaba cuanto cabello negro veía. La consecuencia de todo esto fue que en poco tiempo este hombre quedó con la cabeza sin un solo pelo’.

Esta antigua fábula de Esopo refleja la contradictoria situación que está viviendo Artur Mas, President de la Generalitat de Catalunya tras las últimas elecciones del pasado 25 de noviembre. El líder de Convergéncia Democràtica de Catalunya (CDC) vive como el hombre de la fábula: cada una de las mujeres hace bien su trabajo, la joven para disimular en lo posible su madurez, y la vieja para evidenciarlo al máximo.

Seguramente quien haya llegado hasta aquí en la lectura habrá puesto nombre a cada una de las mujeres de la fábula, representantes de intereses contrapuestos. Una es Oriol Junquera y la otra, Mariano Rajoy. Ambos, y cada cual a su estilo y manera, van arrancando con igual amor los pelos (la iniciativa y el protagonismo) al President. Uno, los negros y el otro, los blancos. Ambos, con intereses opuestos y contradictorios, seguirán haciéndolo hasta dejarle totalmente calvo, sin protagonismo alguno, y hasta que CiU pierda su valor político, el valor de la centralidad en la sociedad catalana y la fuerte influencia que hasta hace poco tenía en la gobernación del Estado español.

Centralidad política y social, que no es lo mismo que dar una de cal y otra de arena, como ir entre semana a la Moncloa --lo que es de aplaudir--, para intentar resolver la difícil coyuntura económica que padecemos, y el domingo a Pallejà (Baix Llobregat), para defender en un mitin el SI, como si estuviéramos ya en proceso de consulta. Virtual, más bien, ya que todavía están por concretar la pregunta, la fecha y las bases del hipotético proceso soberanista. Un día, el de descanso dominical, en el que Mas concentra su mensaje en lo emocional, precisamente aquello de lo que vamos sobrados tanto en la sociedad catalana como en la española.

Una parte de la encrucijada y de los mensajes contrapuestos que vivimos en Catalunya se expresa en los movimientos de acercamiento de Mariano Rajoy de las últimas semanas. Lo ilustra también muy gráficamente el conseller Germà Gordó, destacado dirigente de CDC y del Gobierno de Artur Mas, diciendo que entre la rebelión para continuar existiendo (Pau Claris) y la voluntad de diálogo sin renuncias (el Compromiso de Caspe), él cree (y, lo más importante, espera), que la sociedad catalana opte, como lo ha hecho siempre y de forma mayoritaria, por el consenso y el diálogo. Un deseo que se acerca a la estrategia de acercamiento de una parte de los dirigentes del PP y a los aires revisionistas del PSOE de Rubalcaba, lo que podría dar como resultado, en el corto y medio plazo, una clara mejora de la financiación de Catalunya y sus infraestructuras, así como el imprescindible respeto al hecho diferencial, empezando por la lengua y la cultura propia.

Como la otra cara de la moneda, ERC empujando el Sí o Sí de Artur Mas en la anterior campaña electoral. Coloca la independencia en el centro y prioridad de la política catalana a corto, medio y largo plazo, como explicación de todos nuestros problemas y también de todas sus soluciones. De ello se desprende la necesidad de rechazar reformas y consensos e iniciar de forma urgente, sin más demora, y como ha definido Oriol Junquera “el camino sin retorno”, concretando la fecha en 2014 --tal como se firmó en el Pacto CiU y ERC -- la consulta para la soberanía. Por esto desde esta perspectiva estamos viviendo un supuesto proceso de transición, con su Consell Català per a la Transició Nacional incluido.

Artur Mas, como el hombre de nuestra fábula que se quedó sin un pelo, corre el riesgo de que en el contexto de la delicada situación de emergencia económica y social que vivimos, acabe sin credibilidad. Falta de credibilidad generada por seguir explicando la acción de gobierno con jeroglíficos que pueden valer para una cosa y la contraria como: "No hay proyecto nacional sin proyecto social y no hay proyecto social sin proyecto nacional". Esta frase seguro que es útil en campaña electoral, pero no lo es para una acción de gobierno que debería ser clara, previsible y generadora de confianza en este delicado momento atravesado de graves problemas en el empleo, la sanidad, la educación, la vivienda, etc.

Los dirigentes políticos y sociales están llamados a resolverlos liderando con generosidad el esfuerzo común y la suma de voluntades, y a estos objetivos sólo se responderá desde la claridad del mensaje y la credibilidad de los dirigentes políticos, siendo conscientes de que no es lo mismo tener una cita con la historia, a que al final la historia les cite”.
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