El hígado de Rajoy se resiente ante los golpes de Sánchez

14 de diciembre de 2015 (23:51 CET)

Me ha gustado el debate. No tengo reparos en declarar que el debate de hoy ha servido para aclarar algunas cosas fundamentales.

La primera de ellas es que el presidente del Gobierno y aspirante a repetir, Mariano Rajoy, ha demostrado una admirable capacidad para no contestar a ninguna cosa concreta. En realidad me ha parecido que estaba encerrado en un plasma en donde le resbalaban todas las cuestiones que le planteaba Pedro Sánchez. Conforme el plasma se hacía pequeño, el recurso ha sido interrumpir y no dejar hablar al aspirante.

El presidente del Gobierno ha perdido los papeles con el tema de la corrupción. Y ha confirmado la explicación de por qué no ha querido acudir a ningún debate. Rajoy, escondido toda la campaña entre futbolines y churros, cuando ha tenido que dar la cara se ha venido abajo. Y hoy se ha escondido en una cosa tan elemental como no contestar.

Con un contendiente tan correoso, Sánchez ha conseguido que el presidente perdiera los papeles con sólo nombrar los sms a Bárcenas.

Independientemente de lo que ocurra el domingo, Pedro Sánchez, que era quien más se jugaba en este debate, ha dejado claro que el pasado está representado en las quimeras de Rajoy, que ha utilizado la "herencia recibida" hasta la saciedad. Y ha generado la idea de que el cambio en España pasa por dejar a Rajoy fuera del Gobierno.

Ya no se pueden publicar encuestas. Pero mi opinión es que el presidente de Gobierno ha hecho trampas como sabe hacerlas. Mareando con datos manipulados y poniendo cara de ofendido cuando se le ha puesto encima de la mesa su pasividad ante los escándalos económicos de su partido.

No se puede esperar en España, en un debate de esta naturaleza, confrontar programas. Rajoy está todavía empeñado en que juzguemos los gobiernos de Zapatero. Y todos los incumplimientos de su programa y los recortes, que él llama reformas, son culpa de los gobiernos socialistas.

No le importa que nueve de cada diez contratos laborales sean ahora precarios. Niega los recortes en sanidad, educación y dependencia.

Desde esos parámetros, un debate digno es muy difícil porque el represarte del PP se niega a que su gestión sea sometida a juicio y pretende seguir juzgando a Zapatero, que ya hace cuatro años no es presidente.

Sinceramente creo que este debate lo ha ganado, pese a todas las dificultades, el candidato del PSOE, porque ha conseguido un retrato del presidente del Gobierno en tono sepia, de pasado, sin ninguna frescura que no sea el impedir expresarse al líder de la oposición, interrumpiendo sus discursos desde el momento en que Rajoy no ha podido digerir la disputa de la corrupción.

Creo que el debate ha polarizado la campaña. Ha subido el valor del voto socialista apuntalando la idea de que la salida de Rajoy del gobierno pasa por un buen resultado de Pedro Sánchez.

Hace falta repasar el debate. Escribo esta crónica de urgencia en el momento mismo en que termina el cara a cara. Son más impresiones a vuela pluma que conclusiones definitivas.

Si tengo que poner un titular sería este: "En el momento en que Rajoy ha salido de su escondite, en el que ha estado toda la campaña, ha quedado claro que la regeneración democrática exige su retirada de la política. Tal vez Rajoy lo sabe y por eso ha potenciado la presencia como líder de Soraya Sáez de Santamaría".
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