El Gobierno certifica que la economía española está en coma

29 de abril de 2013 (19:04 CET)

Los expertos --si es que hay expertos en esta materia-- habían enfatizado que el Gobierno de Rajoy debía aprovechar el entorno de mejora que se había producido en las últimas semanas para presentar un programa de estabilidad y un plan de reformas que permitieran mejorar la confianza en la economía y que diera argumentos sólidos a la Comisión para relajar la senda del ajuste fiscal.

La respuesta del Gobierno, lejos de lo esperado y deseado, fue rotunda. El pasado viernes anunciaba una contundente revisión a la baja del PIB hasta el -1,3%; unas previsiones de paro demoledoras para los próximos tres años; el mantenimiento de un déficit público del 6,3%; un aumento de la deuda hasta superar el 91% del PIB y el correspondiente ajuste tributario sobre una serie de impuestos que, ni siquiera, definieron con exactitud.

Las esperanzas sobre las que se fundamentaban las expectativas de los analistas no eran ficción y se resumían fundamentalmente en la notable mejoría de las condiciones financieras que se habían experimentado en España en las últimas semanas; en la mejora de las perspectivas económicas mundiales o, mejor dicho, en una reducción de los riesgos; en un aumento de la liquidez global derivada de las políticas monetarias expansivas; en el reconocimiento de que existe un limite en las políticas de austeridad; en el cierre de los desequilibrios de las balanzas por cuenta corriente, y en la mayor disposición o mayor presión que hace prever una rebaja en los tipos de interés en la próxima reunión del BCE.

Nada de eso fue suficiente para que el Gobierno desistiera de enviar a la economía española a la UCI para que pase un largo periodo de atención asistida o de hibernación, aún a costa de introducir a la sociedad en un profundo y peligroso período de depresión.

El cuadro clínico que cabe colegir de la decisión del Ejecutivo, es más que preocupante en un momento en que --aunque el ritmo de deterioro del mercado laboral cede levemente-- el empleo sigue cayendo, el paro creciendo y la población activa se reduce. Como resumía un alto funcionario de la Eurozona, la economía española no tiene pulso, aunque ello no signifique que ya no tenga vida, aunque esta vaya a estar mermada durante unos cuantos años más.

La prensa española y los partidos políticos, exceptuando el PP, han sido unánimes a la hora de criticar la senda emprendida por el Gobierno, dedicando el mayor grado de acidez a la subida de impuestos --tras ser negada esta posibilidad por el propio Rajoy días antes-- y a la revisión del cuadro macroeconómico, como si esta modificación no tuviera parangón en la historia de España. Nada más lejos de la realidad y no hay que alejarse mucho en el tiempo para encontrar algo que suele ser una constante en los gobiernos españoles. Así y a título de ejemplo, recordar que en 2008 el Ejecutivo se veía obligado a corregir a la baja sus propias estimaciones desde el 3% al 1,6%, mientras que para 2009 las estimaciones del PIB se revisaban igualmente a la baja en 1,3 puntos.

Entonces, la explicación dada por el presidente del Gobierno achacaba la revisión bajista de las previsiones a la crisis financiera y al aumento de los precios del petróleo insistiendo, en mayo de 2008, que España está "más preparada" que otros países y que en ocasiones anteriores para afrontar la desaceleración, lo que no impediría cumplir con los compromisos de gasto social del Ejecutivo.
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