El fiasco de Spanair y sus inacabables coletazos

23 de abril de 2014 (19:48 CET)

La infausta aerolínea catalana Spanair sigue deparando noticias, cuando van a cumplirse dos años y medio de su quiebra y cierre, con un socavón patrimonial de más de 500 millones de euros.

La que fuera su principal filial, la empresa Club de Vacaciones, ha sido disuelta formalmente. Esta subsidiaria, fundada hace casi medio siglo, se dedicaba a actuar como agencia mayorista y comercializaba paquetes de viajes.

En el verano de 2010, los gestores de Spanair decretaron el cierre de todas sus oficinas, con el consiguiente despido de la plantilla de la agencia, formada por 87 empleados. A la sazón, Spanair todavía no se había hundido y sus gestores bregaban por enderezar las cuentas. Una de las primeras medidas que adoptó el presidente Ferran Soriano fue el cierre de Club de Vacaciones, por considerar que no formaba parte del negocio medular de la aerolínea.

Según inscripciones registrales, la liquidación de Club de Vacaciones se ha encomendado a Antonio Batlle Moreno, uno de los interventores judiciales más veteranos de Barcelona, y al abogado Julio Ichaso Urrea, del despacho Landwell-Pricewaterhouse Coopers. El primero, es asimismo, administrador concursal en la quiebra de Spanair.
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