El Estado mafioso

08 de septiembre de 2013 (10:25 CET)

Esta semana el G20, en un eterno día de la marmota, discute sobre el impulso de la demanda solicitada por los BRICS y la austeridad y el endeudamiento de los europeos y norteamericanos.

Después de que hace cinco años Sarkozy y Obama anunciaran la necesidad de reformar el capitalismo aún estando dando vueltas a cómo rebajar la evasión fiscal.

Se extiende una gran decepción y pesimismo por la falta de liderazgo de los estadistas mundiales reunidos. En esta reunión, Rajoy ha ido a vender que recibe lo suficiente, el 4,5, por parte de las potencias porque aplica, más mal que bien, sus recetas más inútiles.

Al inicio de la crisis muchos vimos una esperanza en la voluntad de controlar los flujos monetarios internacionales, verdadera fuente de los problemas de tesorería de los esstados del bienestar, en la promesa de la lucha contra los oligopolios y el blanqueo de dinero internacional y con una apuesta clara por una economía verde y relocalizada, la única que puede poner fin a los capítulos de especulación sobre las materias primas y redistribuir el trabajo en todo el mundo, empezando por Europa, que falta le hace. Pero, ¿por qué aquellas estimulantes promesas, hechas incluso desde la derecha reformista, han quedado en nada ?

La percepción es que los poderes económicos globales tienen un tejido de intereses inseparable con las cúpulas de los grandes estados y los organismos supraestatales como la UE y acaban imponiendo estos intereses conservadores y continuistas a favor de un capitalismo de casino y expoliador, por delante de cualquier consideración reformista.

Esto, acompañado de la desinformación que predomina en demasiadas poblaciones, incluso de los países más desarrollados, propicia un cierto consenso social, fácil de conseguir, sobre que aquí no pasa nada. Será una crisis más y saldremos como siempre, haciendo lo de siempre. ¡Suicidas!

Cuando el Estado, incluso en regímenes formalmente democráticos, se muestra tan débil y cómplice ante los fuertes y tan fuerte ante los débiles, el papel arbitral y redistribuidor que se le adjudica en sociedades avanzadas se destruye. El Estado aparece al servicio de intereses, muchas veces inconfesables, de unas minorías.

Y una muestra la tenemos bien cerca. Estos últimos meses se han ido conociendo diversas actuaciones del Estado español que le acercan más a un instrumento mafioso que a un organismo neutro y democrático. Hemos conocido un informe sobre el trato de favor de Hacienda a las grandes empresas, de manera que sólo las pymes son las más perjudicadas por el rigor fiscal.

Ya hace tiempo que se conoce la asimétrica actuación de las inspecciones de Hacienda por territorios y sectores, con un celo dictatorial en los territorios productivos como Catalunya y un pasotismo significativo en zonas como Madrid o las áreas subsidiadas del Estado.

Me informan que, últimamente, la política de Hacienda aún se hace más sectaria cuando, en relación a la empresa catalana, ha recibido la orden de levantar el pie del cuello temporalmente y aumentar la permisividad, a cambio de concentrarse en el empresariado claramente afín a postulados soberanistas. Son las palabras textuales pronunciadas en diversas inspecciones de Hcienda a empresas de cierto volumen de Catalunya, a las que he tenido acceso.  

Ya no sólo el Estado discrimina territorios,  sino que Hacienda lo hace por filiación política. Nada extraño, pues, cuando a raíz del vodevilesco caso Camargate, trasciende que la policía ha hecho llegar a Método 3 que eviten hacer nada que perjudique a Sánchez Camacho. La policía está al servicio de un partido político.

¿En este abuso político-policial y sectario podríamos encontrar las claves de la cierta marcha atrás de algunos entornos convergentes en el proceso soberanista esta semana? Todos los pseudoprogres y antisoberanistas que inmediatamente aplaudirán, se les puede plantear una cosa: ¿Es ésta la metodología que aprueban para frenar la voluntad democrática de los ciudadanos, la de las cloacas y la de un Estado mafioso? ¿Desean alcanzar esta mierda de Estado donde mandan los grandes poderes económicos transnacionales, los oligopolios nacidos bajo las faldas del Estado, los de la Lonja del Bernabéu y los aparatos del Estado al servicio sólo de unos territorios y de unos partidos?

Alguien que crea en la democracia y en la libre economía de mercado, ¿cree que son compatibles estas formas de mal gobierno con la libertad de personas y de comercio?, ¿que son las únicas que garantizan la prosperidad como demuestran los países pequeños nórdicos? ¿Países con fronteras que no tienen más de cien años y que son capaces de reaccionar ágilmente a los retos de la globalización con cohesión social, democracia y economías tecnológicas orientadas a la sostenibilidad?
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