El error de financiar a Artur Mas

14 de enero de 2015 (20:08 CET)

El Gobierno ha llamado a los bancos para negociar un nuevo balón de oxígeno que alivie a las comunidades autónomas. Técnicos de BBVA y del Santander acudieron este miércoles a la sede del Tesoro Público con el fin de explorar la posibilidad de que esta institución asuma préstamos valorados en poco más de 1.000 millones de euros cuyos vencimientos agobian a Cataluña, Valencia y Murcia. Como ha pasado con el fondo de liquidez autonómico (FLA), la Generalitat será la mayor beneficiaria de la nueva refinanciación.

Andreu Mas-Colell podrá borrar de un plumazo compromisos con las entidades equivalentes a 802 millones de euros, cuya devolución está programada para 2015, para luego apañarse con el Tesoro. La mayor parte de esos créditos, un 90%, está en manos del banco de Francisco González por herencia de CatalunyaCaixa. Se firmaron en un contexto de tipos de intereses caros. El objetivo del Gobierno es que los nuevos vencimientos estén sujetos a un coste financiero próximo al del bono español (1,64%), con el consecuente ahorro.

La regla de tres dibuja otra vertiente. Como Cataluña es la comunidad con mayor exposición bancaria, también será la que más alivio obtendrá por la reducción de la carga financiera si tienen éxito las gestiones del Tesoro, armadas con una lógica financiera aplastante. Hacienda, sin embargo, no prevé alterar los objetivos de déficit fijados para este año; de modo que, en Madrid, se alzan las voces que alimentan una corriente de opinión cada vez más generalizada: el Estado siempre rescatará a las comunidades, por incumplidoras que sean, y aunque amenacen la integridad territorial del país. Se tolera demasiado, argumentan.

El Estado siempre rescatará a las comunidades, por incumplidoras que sean, y aunque amenacen la integridad territorial


Decía Artur Mas, antes de servir el té a Muriel Casals y Carme Forcadell, que el diálogo de la Generalitat con el gobierno central en este último asunto (el soberanista) se vehicula a través de la justicia. Se trata del único ámbito que depende directamente de él. Consecuente con su interesada visión de la realidad, omitió Mas explicar que Cataluña se aguanta en pie gracias a la liquidez que ha recibido desde Madrid. Este proceso ha llevado a que las relaciones entre la Consejería de Economía y el Banco de España, por ejemplo, sean fluidas, cordiales y productivas.

Lo mismo sucede con los departamentos de Fomento y de Interior, por ejemplo. Los funcionarios de ambas administraciones lo saben y lo explican a quien quiera escuchar. Afortunadamente, las capas técnicas se empeñan en que la rueda siga girando; pero, desde la óptica estrictamente política, prestar asistencia financiera a la administración de Mas es en pleno año electoral un error del Gobierno si no exige nada a cambio. Al menos, que guarde un mínimo de lealtad institucional y que corrija su excesivo déficit con una revisión de los límites presupuestarios, compromiso que queda al margen del resultado de las elecciones del 27 de septiembre.

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