El doble significado de Barcelona World

28 de marzo de 2014 (00:00 CET)

El proyecto inmobiliario que promueve en Tarragona el empresario Enrique Bañuelos de Castro a través de la empresa Veremonte será muy importante en Catalunya por dos razones.

Veamos. Incluso para quienes no tenemos una gran confianza en el éxito final de esa iniciativa, debemos reconocer que de prosperar existirían algunos beneficios claros: la economía de la zona tomaría más impulso; el empleo crecería en una cifra todavía muy difícil de determinar; la oferta lúdico-turística del litoral de Tarragona se vería completada; La Caixa se desprendería al final de unos terrenos que se le enquistaron cuando Jordi Pujol le rogó a Josep Vilarasau que salvase el proyecto de Port Aventura (entonces aún Tibigardens); y toda una suerte de intangibles innecesarios de enumerar.

Para ello es necesario que Bañuelos y su colaborador catalán Xavier Adserà sean capaces de movilizar los recursos y la inversión suficiente para avanzar con el proyecto. No están los tiempos para grandes aventuras, como saben quienes asistieron al ir y venir de Sheldon Adelson por Barcelona y Madrid con su mayestático cartapacio de Las Vegas Sands. Por tanto, y emulando a Santo Tomás, hasta que no veamos que llega de verdad el dinero un servidor no se lo cree.
 
Que Barcelona World es una incógnita es obvio. Que se puede llevar por delante una parte de la unidad de acción del soberanismo catalán no es improbable

Así que significa mucho que ese proyecto vaya adelante. Por todo lo dicho, y si se me permite, por un segundo motivo no desdeñable. La relación entre los dos primeros partidos en el Parlament puede quedar muy afectada por Barcelona World. La iniciativa empresarial es una especie de capricho personal de Artur Mas y de Andreu Mas-Colell. Ambos saben que si pudiera avanzar quizá sería la única noticia positiva de todo su mandato, trufado por errores estratégicos como los de Spanair, entre otros.

Pero resulta que Bañuelos y sus supuestos inversores quieren una ley que les permita abonar unos reducidos impuestos en los casinos y salas de juego del proyecto. Algunos cambios urbanísticos en la zona y diversas cosas análogas. Todo lógico si se analiza desde la perspectiva de quien se ofrece a invertir y exige contrapartidas del receptor de la inversión.

Sin embargo, aquí es dónde radica el problema. Mas ha perdonado a Oriol Junqueras que haya declinado hacer una lista común para las elecciones europeas. No le perdonará que siga en contra de los cambios legales que pide Veremonte para Barcelona World. Y existe quien incluso sostiene que estas pequeñas cosas pueden originar cambios de alianzas que tengan bastante que ver con la política. De hecho, la ley sólo podrá aprobarse si PSC y/o PP se prestan a abstenerse o a pactar la normativa con el Gobierno. ¿Podrá hacerlo Mas con Navarro o Sánchez Camacho? ¿Si lo hace su socio actual de ERC le perdonará esa jugada?

Que Barcelona World es una incógnita es obvio. Que se puede llevar por delante una parte de la unidad de acción del soberanismo catalán no es improbable. Y existe ya quien asegura que aquí está el meollo de la cuestión de la política catalana en los próximos tiempos.
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