El discurso dominante y la realidad económica

23 de febrero de 2014 (21:05 CET)

En Memoria de David Taguas

Se está creando un clima de euforia artificial y muy perjudicial. La economía española continúa mostrando fragilidades profundas, que no se han atemperado con la crisis, y que la empujan a ser una economía dual.

Es cierto que los periódicos informan de hechos positivos. Por ejemplo, Moody´s eleva la calificación crediticia del Reino de España. En bolsa existe un clima alcista y optimista. Se preparan salidas de empresas al parqué. El Mercado Alternativo Bursátil (MAD) puede esgrimir algunos casos de éxito, y el Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF) se ha puesto en marcha desde octubre pasado.

El capital riesgo tradicional vuelve a España, mientras multitud de otros fondos (buitre, distressed, incluso soberanos) están dedicando recursos para hacerse con parte del pastel de activos dañados, o no, por la crisis.

Y, obviamente, el comportamiento de las exportaciones, que han registrado otro record en 2013, es la gran sorpresa agradable. Pero a este fenómeno me referiré al final.

El Gobierno aprovecha esta euforia para sacar pecho, vendiendo un discurso que se halla muy lejos de la realidad económica de las empresas --de muchas compañías-- y especialmente del erial de empleo que la crisis y el modelo de crecimiento español han dejado.

La realidad es que tras seis años y medio (2007-2013) desde que comenzó la crisis, y como ha puesto de manifiesto David Taguas en su apasionado ensayo Cuatro Bodas y un Funeral, se han destruido 3,6 millones de ocupaciones, el desempleo se eleva a 4,1 millones de personas y su tasa ha subido del 8% al 26% (tercer trimestre de 2013).

Esta es una realidad que pesa mucho. Si miramos la evolución probable de las tasas de crecimiento del PIB para los tres siguientes ejercicios, oscilan del 1% al 1,9%, claramente insuficientes para crear empleo de forma razonable, sin reformas.

El escenario, como dice Taguas, es sombrío.

En la crisis la inversión ha caído 12,7 puntos de PIB, mientras que el consumo, público y privado, ha ganado 3,7 puntos de PIB. Es decir, que el ajuste realizado hasta ahora no se ha hecho tratando de disminuir el gasto consuntivo público sino a costa de la inversión y del ahorro. Es claramente insuficiente para disminuir la deuda sobre el PIB que se aproxima al 100% y especialmente el déficit público, que volverá a no cumplir en 2013 con los requerimientos de la Unión Europea.

David Taguas insiste en la especificidad de la crisis española y en la mutación que ha ido experimentando a lo largo del tiempo. Lo que dificulta en gran manera su diagnóstico preciso y el tratamiento adecuado. 

Entre los problemas específicamente españoles sitúa lo que llama "apego al gasto público", que no rechaza el déficit, que no le parece mal a los españoles en general. El segundo es la excesiva ponderación que concedemos los españoles al presente o que penaliza al ahorro, se supone debido a largas etapas de inflación.

El mantenimiento del poder adquisitivo que entorpece llegar a un buen plan de rentas a medio plazo, necesario para ganar competitividad, debe estar también en nuestros genes. Y, finalmente, una fuerte dependencia del crédito, no sólo empresarial, sino también de las familias con altos niveles de endeudamiento, principalmente en vivienda.

Reconvertir estas especificidades es difícil y, sobre todo, lento. Para ello son necesarias reformas de calado, aunque no es imposible.

Como ha señalado Luis Garitano en el Dilema de España cuando cita dos "imposibles": la limitación de la velocidad en las carreteras españolas y el restringir el hábito de fumar, constituyen ejemplos próximos que demuestran que podemos cambiar si los incentivos son los adecuados y la puesta en marcha se realiza correctamente.

Y, finalmente, un toque de atención sobre el comportamiento del sector exterior. Si observamos las cifras vemos que las exportaciones han crecido durante 2013 un 5,2% y que España ha vuelto a ganar cuota mundial. Que el déficit comercial (16.000 millones de euros) se ha reducido a la mitad respecto de 2012.

Que 14.3000 empresas están exportando, de las que 5.000 de forma regular. Que el sector del automóvil, con un 14% de peso en la exportación española, ha crecido el 9,7%, pero la importación lo ha hecho el 10,6%. Fabricamos coches de gama baja y media e importamos coches de gama alta y media, con valores muy distintos.

El contenido tecnológico de la exportación española es medio y alto (20% del total). Y la componente del sector energético (30% de peso) continúa teniendo una importancia relevante, debido a la volatilidad de los precios. Hasta aquí todo positivo.El problema llega a partir del tercer trimestre, cuando las exportaciones empiezan a retroceder, aunque mantengan la tendencia.

La causa se encuentra, como apunta Ángel Laborda, en la caída hacia los países emergentes. Es decir: Turquía, Norte de África, China, México, Venezuela... y también se debilita la de la UE, Alemania e Italia.

Si la tendencia del segundo semestre se consolida, las exportaciones que son el componente más dinámico del PIB español, sufrirán. En consecuencia, la esperada recuperación de la actividad también.

En el fomento de las exportaciones intervienen muchos factores, como el tipo de cambio, el nivel de la actividad interior, etc. Pero la dimensión de la empresa exportadora es fundamental. Incentivar el tamaño de las empresas es estratégico y se debería hacer un esfuerzo por parte de las administraciones como mínimo para no dificultar la dimensión empresarial.
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