El despiste del Gobierno: La excepción como regla

28 de agosto de 2012 (17:13 CET)

Un amigo de mi suegro está jubilado ya, pero poco antes de jubilarse se le acabó el paro y pidió acogerse durante un mes a la ayuda de los 400 euros. Aunque él dudaba que fuera merecedor de ésta, se la dieron. Honrado como pocos, explicó que poseía dos pisos, totalmente pagados, uno de ellos en alquiler y que su mujer cobraba un sueldo. “La ayuda es individual y a usted le toca percibirla porque se le ha acabado el paro y no tiene más ingresos.” Le respondieron. Así que cobró la ayuda. Y con los 400 euros se dio un capricho.

La mujer de un amigo de mi tío hace de canguro. No quiere cobrar en “blanco” porque perdería la ayuda de los 400 euros que recibe cada mes, y además reduciría su base de cotización. Su marido trabaja en una empresa del Estado (es casi funcionario) y no tiene cargas familiares.

Unos amigos de mis padres tienen mujer de la limpieza. Cuando se aprobó la nueva Ley sobre el Servicio Doméstico 2012 (el 1 de julio de este año) quisieron asegurarla. Pero ella se negó, ya que no quiere perder la ayuda de los 400 euros ya mencionada.

Atendiendo a estos ejemplos se podría creer que mucha gente que en estos momentos recibe la ayuda de los 400 euros podría sobrevivir sin ella.

¿Cuántos casos más hace falta saber para hacerme una opinión sobre el tema? Pues la verdad ninguno más. Tres ejemplos en un mismo sentido son suficientes. Estos tres casos son mi submundo y sobre ellos me formo mi opinión de para qué sirve la ayuda de los 400 euros. Y esto es exactamente lo que le ocurre a muchos gestores, en particular a los gestores públicos: los políticos. ¿A alguien se le ocurriría poner a gestionar El Corte Inglés a un tendero del colmado del barrio?

¿Por qué muchos políticos parecen gobernar dando tumbos, envían globos sonda que luego desmienten o prometen algo que luego no cumplen? Porque formulan sus opiniones en base a su pequeñísimo submundo (como yo, como tú y como todos, amigo lector. Sin embargo, los políticos gestionan miles de funcionarios y millones de euros en recursos, y para asignarlos bien se necesita escoger los datos adecuados, analizarlos y tomar decisiones al respecto.

Lamentablemente, no existen muchos políticos que sepan actuar así, porque las habilidades que le han llevado al cargo que ocupa en la actualidad en general no han sido las de gestor, sino las de un líder, buen orador y saber convencer. ¿Alguien recuerda los hilillos de plastilina del Prestige? ¿O cuando Rajoy dijo que basaba su opinión sobre el cambio climático en la de su primo? ¿O cuando Zapatero creyó que podría aprender economía en dos tardes?

Pues bien, estos son ejemplos de quien nos gobierna, nos ha gobernado y nos gobernará si no elegimos a personas que sepan gestionar grandes cantidades de recursos aunando datos relevantes y criterio para dirigir todos los esfuerzos a un mismo objetivo: la recuperación del país.
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