El coste de la dependencia

16 de marzo de 2014 (09:07 CET)

Como sujeto político no identificado, encuentro que Catalunya está dando mucho juego a todos los ministerios madrileños. Este ectoplasma catalán no merece ningún reconocimiento, pero como las “meigas, haberlas, haylas”. Y la prueba es que el ministerio más prolífico en el combate contra el fantasma catalán es el de exteriores. Margallo enfundado en el uniforme de caza- fantasma activa todas sus embajadas dotándolas de informes contundentes y apocalípticos sobre la secesión catalana. Si sólo la mitad de celo que los miles de servidores de la administración en el exterior dedican a la causa catalana la dedicaran a promover las exportaciones de las pymes y la captación de inversiones, no hubiéramos entrado en crisis.

Como avisaba hace poco un unionista canadiense, de bolos por Catalunya, convocado por dependentistas de aquí, está comprobado que los fantasmas secesionistas se alimentan de amenazas. Máxime cuando éstas son tigres de papel que se pueden quemar con un simple cerilla. Los del último informe Margallo, tachado de margallada por alguien serio como Mas-Colell, no harán pública la transcripción del informe que afecta al impacto de la independencia de Catalunya sobre España. Cambiando el nombre de los protagonistas hay muchas cifras calcadas.

No hay que tener ningún máster para saber que si Catalunya se va, España pierde de golpe su 19% del PIB (la cifra que Margallo atribuye a la pérdida de PIB catalán). Pero además de este 19% en números redondos, el 2% es un PIB extraído directamente por el aparato del Estado gracias al superávit fiscal. Por lo tanto el impacto real de la pérdida de PIB español es superior a la simple resta del 19% producido en Catalunya. La pérdida superaría ampliamente el 21%. ¿Seguimos?

Sin Catalunya, España pierde el 25% de su turismo, el 26% de la exportación, el 33% de la exportación más tecnológica y entre el 30 y el 40% de la investigación en según qué ámbitos. Amén del 16% de la población, que hace que inmediatamente se sitúe al nivel de Rumanía, con la consecuente pérdida de peso político y económico en los organismos internacionales.

Los dependentistas y Margallo dirán que Catalunya pesará menos que España. ¿Y qué? Esto será en términos absolutos, pero no en relativos. Catalunya y su sociedad quieren jugar la liga de la excelencia. Excelencia y bienestar, no el campeonato de sumo: de quién es más grande, pesa más kilos o la tiene más larga, argumentos propios de Estados de concepción machista. España vive desde Felipe II anclada en los sueños de grandeza imperiales o neoimperial, y éstos siempre pasan por tener mucho aparato, aparentar mucho y de hecho, no son gran cosa.

Ante argumentos tan torpes, como ciudadano de Cataluña me gustaría que mi gobierno respondiera con razones: con un libro blanco sobre la Catalunya independiente, lo que podemos y queremos ser. Y sobre lo que nos pasará si seguimos sometidos a la estadocracia madrileña con delegaciones en casa. Me gustaría saber los números de la deuda fiscal del pasado, pero sobre todo de la deuda futura que nos espera en el marco de la continuidad del más injusto de los sistemas de financiación territoriales de Europa.

Me gustaría conocer el impacto socioeconómico de la implantación de las políticas industriales, comerciales, agrícolas y medioambientales que, una vez reventado el Estatuto por el TC, el gobierno del PP está adoptando unilateralmente, triturando el sistema de pymes catalanas y por tanto la principal base del 90% de nuestra ocupación. Me gustaría conocer con cifras una prospectiva del impacto social y económico de las políticas oligárquicas del Estado sobre la energía y las telecomunicaciones. Me gustaría saber el impacto social y económico de la liquidación de la autonomía municipal y la centralización en el Estado y las diputaciones de competencias y servicios que garantizaban el cojín social y acompañaban la generación de micro actividades económicas capilares.

Quisiera conocer en términos económicos el impacto negativo de la permanencia en España con una justicia interceptada desde el Ejecutivo y con una inseguridad que hace temblar a algunos inversores y donde, como si no hubiera pasado nada, se vuelve a apostar por el pelotazo inmobiliario tan proclive a la captación de blanqueo de las mafias de la Campania y Calabria. Me gustaría saber el impacto social y económico del empobrecimiento cultural que significará la marginación del catalán, objetivo descaradamente perseguido en todo el ámbito lingüístico donde se habla. Y qué empobrecimiento nos producirá la homogeneización fiscal y de ordenación económica contraria a las políticas de emulación y libertad auténtica de mercado que se promueven los Estados más poderosos y federales.

Me gustaría saber todo esto y muchas cosas más de las que nos pasarán si continuamos en un Estado cada vez más autoritario, carca, unitarista y simbiótico con la oligarquía. Es la mínima respuesta que me debe el gobierno de Catalunya ante los informes Margallo que son pura literatura de ficción del género gótico.

El otro día encabezaba el artículo con un “De Putin a Margallo”. Hoy hubiera podido ser “De Margallo a Putin”. Margallo ha hablado de un alto el fuego dialéctico, él que lleva toneladas de papel y de tiempo dedicadas a atacar el derecho a decidir, y con su Estado que tiene toda la tropa jurídica y burocrática (estos comandos de autodefensa anónimos) bombardeando las últimas trincheras de la autonomía. ¿Alto el fuego? ¿Volverán las tropas jurídico- políticas del Estado a las posiciones previas al Estatuto? ¿A que no? Pues ya que Margallo y su gobierno utilizan toda la fuerza del Estado contra un derecho democrático del pueblo, esto no tiene freno.
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