El cisne de Pablo Iglesias

27 de enero de 2016 (19:30 CET)

El escritor francés Jules Renard en su deliciosa y corrosiva obra Historia naturales, donde los animales son los protagonistas, nos dice del cisne que "se desliza sobre el estanque cual trineo blanco, de nube en nube. Sólo esas nubes algodonosas que ve nacer, moverse y perderse en el agua le despiertan el apetito. Desea una de ellas. Apunta con el pico y sumerge repentinamente su cuello vestido de nieve".

Pablo Iglesias ha convertido su partido en esta magnífica criatura, a medio camino entre la realidad y el sueño. Podemos se muestra altivo, rotundo ante sus adversarios y frágil ante los suyos. Es un partido que flota más que vuela.

Su discurso contra la corrupción tiene mucho del llanto de los cisnes antes de morir. Es un partido más aristocrático que revolucionario, pues ansía sustituir el poder más que cambiar el sistema. Es de plumaje blanco aunque aspira ser visto como un cisne negro.

Aspira a ser observado como diferente, desea que la belleza de sus ideales sea perseguida, antes que aceptada, para así poder provocar ilusiones de rebeldía. Sabe que sólo proyectándose en las nubes, en reinos imposibles, podrá hechizar la imaginación de los ciudadanos.

Cuando despliega sus fantásticas alas, en sus mítines, observamos que hablan de lucha y poesía obrera, entre poemas, canciones y mucha emoción. Los escenarios, como estanques, le permiten revindicar, que han nacido para cambiar las negras aguas estancadas de la política actual en un mar abierto. El cisne de Pablo Iglesias existe para ser admirado, no para volar.

Su propuesta de asumir la vicepresidencia en un posible gobierno con Pedro Sánchez tiene mucho de baile sobre el agua. De sinuosos y sensuales movimientos que buscan, más que ser amado, ser deseado. Puede parecer que Iglesias esté pescando vanos reflejos en el agua, pero lo que está provocando es concentrar las miradas en sus movimientos de danza que le permitan no tener que volar aunque lo parezca.

Y mientras una gran parte de la opinión pública sigue admirando hechizada su belleza, el cisne de Pablo Iglesias, como nos advierte Renard "cada vez que se sumerge, rebusca con el pico en el lodo nutritivo y consigue un gusano. Se está cebando como una oca". Se ceba de posibles nuevos electores, en el caso de que las elecciones se adelanten. O quizá se esté cebando con el cuerpo político debilitado de Pedro Sánchez. En todo caso, estamos ante el primer cisne que caza danzando.
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