El chantaje de los fabricantes de coches se acaba, pero seguimos fastidiados

31 de octubre de 2013 (13:43 CET)

La industria automovilística ha chantajeado desde hace ya muchos años a gobiernos de uno y otro color político. Si pusiéramos en un cesto las ayudas públicas que han recibido los grandes fabricantes quizá hubiéramos podido abonar el sueldo de todos sus trabajadores desde el primer momento en que llegó la amenaza de retirarse de España hasta el final de sus días.

Esta era la reflexión de un sindicalista conocedor de las negociaciones que las marcas de coches mantenían con las administraciones, bien fueran la central, las autonómicas e incluso las locales. Conocía eso y siempre decía que las pérdidas que declaraban las grandes corporaciones en sus filiales españolas estaban convenientemente maquilladas vía royalties y otras técnicas contables que hacían imposible que ninguna de ellas fuera jamás, sí jamás, rentable.

Recientemente, Nissan hizo algo similar. Generalitat y Ministerio de Industria perdieron el culo por retener sus actividades productivas en España y conseguir un nuevo modelo para la fábrica barcelonesa. Al final lo consiguieron, pero cada vez que esto sucede los ciudadanos desconocemos cuál es el coste final, en fondos públicos, de mantener viva esa actividad industrial. ¡Viva la transparencia!

Ahora hemos sabido que es posible que Seat no fabrique el próximo modelo de Seat en su fábrica de Martorell. Nada tiene que ver con la estructura de costes laborales, ni tan siquiera con la excelencia productiva del centro catalán. Sencillamente, que la multinacional Volkswagen (con sus marcas, Seat, Audi, Skoda y Volkswagen) posee fábricas en todo el mundo y organiza su producción mundial de acuerdo a intereses no siempre coincidentes con las expectativas locales. Ahora ya no es un chantaje a un país o a una sociedad, es sencillamente una muestra palmaria de una globalización ante la que los históricos agentes que mandaban en la economía (gobiernos, sindicatos, clientes, proveedores, bancos...) poco o nada tienen que hacer. El futuro le llaman...
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