El ‘caso de las ITV’: a la espera de la justicia

05 de enero de 2014 (22:20 CET)

Al leer hace apenas unas horas que Ficosa era la empresa más subvencionada por Acció, el brazo ejecutor de parte de la política empresarial de la Generalitat de Catalunya, me vino a la mente el caso de las ITV. Algunos buenos amigos, que saben de mí interés por ese sumario, también me han hablado en los últimos tiempos sobre ese escándalo que sigue la vía judicial.

El proceso que ha separado a Oriol Pujol Ferrusola de la política catalana todavía no tiene una resolución judicial. Si ya resultaban alambicados para los jueces todos los cruces mercantiles, de tráfico de información e influencias que se recogen en el sumario (los magistrados deben aplicar un plus de conocimiento de la mecánica empresarial para comprender buena parte de lo sucedido), que haya una personalidad política imputada aún sofistica más el procedimiento y lo convierte en un espinoso y delicado asunto de opinión pública.

 
Con la sentencia judicial sabremos si a Oriol Pujol le queda algo de política en el futuro o su carrera está extinguida

La pugna por tomar el control de más parte de ese negocio regulado que son las inspecciones técnicas, la posibilidad de incrementar las ingresos de algunas empresas y cómo política y business se entrecruzaron para lograrlo son el jeroglífico que la justicia debe resolver. Ficosa, por supuesto, estuvo en el ojo del huracán de aquel sumario pendiente de resolución.

Muchos ciudadanos seguimos expectantes por saber cómo los jueces interpretarán en términos estrictamente legales lo que en términos morales y éticos, en el plano político incluso, tiene una pinta escandalosa. Que la justicia se tome el tiempo necesario para acertar es algo que debe aplaudirse, pero que pierda un minuto más de lo necesario para hacerlo podría dar una sensación equívoca a la sociedad.

Es difícil comprender por qué algunos asuntos judiciales toman una velocidad supersónica y otros, en cambio, parecen una carrera de caracoles. El caso de las ITV no debería dormir mucho más tiempo en la mesa de los magistrados. Aunque sólo sea por saber si al ínclito hijo del expresidente de la Generalitat le queda algún gramo de futuro político o su carrera debe darse por extinguida.
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