El camello de Albert Rivera

10 de febrero de 2016 (19:30 CET)

Cuentan que el camello, a diferencia de los humanos, no se queda atrapado en espejismos surgidos del abrasador, y a la vez frío, desierto. Dicen que su resistencia se debe a su precaución de hacer una digestión lenta. Ser rumiantes les permite aguantar hasta el infinito, mientras nosotros sucumbimos sólo al pensar que no podremos comer, ni beber durante un solo día.

Lawrence de Arabia los convirtió en una forma de diplomacia para hermanar a sus pueblos árabes. Son fáciles de dibujar. Sólo con trazar dos montículos sobre dos patitas se asoma la figura de sus jorobas y la imaginación completa los trazos hasta darnos la imagen del camello completo. Sin camellos no habrían llegado los Reyes Magos a Belén y hoy esa noche celebrada se desvanecería como una ilusión.

Albert Rivera ha hecho de su partido un partido de dromedarios, camello arábigo, que le permiten surcar el desierto de los pactos electorales. Sus 40 escaños son las jorobas de las que alimentarse hasta llegar a algún tipo de pacto.

A diferencia de Pedro Sánchez que camina hacia un espejismo que él ve posible, y Rajoy, que no quiere moverse del oasis por miedo a desfallecer en su intento de cruzar el desierto, Rivera sólo espera poder llevar, o a Sánchez o Rajoy, a buen puerto.

Es conocedor que, de realizarse unas nuevas elecciones, su camello se podría convertir en otro animal menos resistente al extremo clima del desierto. Las encuestas ya vaticinan que para Ciudadanos es mejor cruzar el desierto, con Sánchez o Rajoy, pero cruzarlo.

Analizadas las necesidades de Sánchez y Rajoy, Rivera plantea dos estrategias distintas. Como nos advierte el escritor Juan José Arreola en su Bestiario al referirse a camélidos "para el que tiene sed, el camello guarda en sus entrañas rocosas la última veta de humedad".

Un camello que permita cruzar a Sánchez el desierto, a él solo, sin el peso de Iglesias, mientras Rajoy los mira desde su oasis sin decir nada, absteniéndose. El camello que lleva a Sánchez deberá darse prisa, pues se encuentra deshidratado después de tanta euforia por llegar.

A Rajoy, "para el solitario, la llama afelpada, redonda y femenina, finge los andares y la gracia de una mujer ilusoria". Rivera le propone animarlo para que deje el oasis cuanto antes.

La idea es simple. Proyectar en Rajoy el espejismo de que lo tiene conquistado, de que lo ha seducido. Otra posibilidad es conseguir que Sánchez y Rajoy compartan el trayecto, uno a lomo del camello y otro a pie. En definitiva, el camello de Rivera deambula a la deriva por el desierto y está pidiendo a gritos un amo que lo monte.
Suscribir a boletines

Al suscribirte confirmas nuestra política de privacidad