El Águila que se comió a Donald Trump

16 de diciembre de 2015 (20:26 CET)

Un instante de verdad es todo lo que se necesita para descubrir el engaño. El fuerte Trump, el exitoso Trump, fue atacado por un águila, símbolo e insignia de Estados Unidos, durante una sesión fotográfica para la revista Time.

El águila calva picoteó la mano de Trump, provocando que su peluquín y su miedo quedaran el descubierto. El magnate que quiere combatir ISIS condenando a todos los musulmanes, que insulta a los periodistas, que niega el cambio climático, que se burla de un periodista discapacitado, que ataca a la comunidad latina, que considera a sus contrincantes políticos como "nuestros líderes estúpidos", quedó en evidencia ante el ataque de un águila cansada de tanto montaje fotográfico.

Un instante de verdad para desvelar que Trump no es capaz de contener su miedo, que se muestra como alguien nervioso y temeroso de la naturaleza, de lo imprevisto. Hoy todo el mundo se pregunta si el hombre de hierro, el azote de todo, es capaz de afrontar sus promesas de seguridad extrema para los norteamericanos.

En 1979, el escritor Stephen King publicó la novela "la zona muerta", de la que David Cronenberg hizo una adaptación cinematográfica. Johnny, el protagonista interpretado por Christopher Walken, debido a un accidente de coche y después de estar varios meses en coma, despierta con el poder de prever lo que va a ocurrir. En su desenlace, Johnny predice que el candidato a la presidencia de EEUU, Greg Stillson [interpretado por Martin Sheen] provocará con su política la tercera guerra mundial.

En su intento por detener a Stillson en su camino a la presidencia de los EEUU, decidirá atentar contra el futuro presidente. Cuando Johnny dispara contra el político. Éste, presa del pánico, se protege con un niño que utiliza como escudo. Como consecuencia, Johnny es abatido y Stillson queda en evidencia frente a sus votantes, que le dan la espalda.

De esta forma se aborta el holocausto nuclear y la ascensión al poder de un ser débil capaz de sacrificar a un niño para salvar la vida. Un instante de verdad que salvará el mundo.

El águila calva es hoy nuestro singular Johnny que dispara contra la mano de Trump para detener la carrera alocada de un político sin convicciones. Un arribista del poder que quiere usurpar el lugar de la política entendida como la defensa del bien común por la política del interés privado. Su demagogia engolada y su tendencia el esperpento contrasta con el liderazgo elegante, sutil y armónico de Obama.

Lo que Obama representa, con sus errores, es la política que conoce sus límites, que se conduce en base a las leyes de los hombres, que ha entendido que no todo vale. Lo que representa Trump, que podría llegar a sucederle, es la política como incendio permanente, como confrontación, como destrucción del contrario.

Por esta razón, no es de extrañar que el águila, símbolo norteamericano por excelencia que representa al defensor del escudo: "un fuerte deseo por La Paz, pero siempre dispuesta para la Guerra", haya hecho un gran servicio a los EEUU al revelar a un patético Trump presa del pánico ante un picotazo.

Queridos lectores, busquen en sus mentes los instantes de verdad antes de depositar sus votos. Seguro que los hallarán después de tanto debate. Siempre existe el instante en que la interpretación queda al descubierto.
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