El 11S, última escala del actual rumbo político

08 de septiembre de 2014 (00:00 CET)

Diferentes medios de comunicación presentaron ayer domingo trabajos demoscópicos sobre la situación política catalana en los prolegómenos del otoño-invierno que se prepara. De la comparación de todos ellos, existen algunos detalles que merecen ser comentados:

1. El caso Pujol afecta, y bastante, al llamado proceso soberanista que encabezan CiU y ERC desde su alianza parlamentaria. Los ciudadanos muestran menor adhesión a esas tesis que en otros sondeos realizados con anterioridad. La confesión del ex presidente catalán ha influido, por tanto, de manera negativa para esas dos formaciones. Crecen quienes son partidarios de vías políticas alternativas y, sobre todo, quienes consideran un error acabar con las urnas en la calle en contra de la legalidad española.

2. CiU se hunde estrepitosamente. No sólo por la caída en intención directa de voto, sino también por el desapego de una parte no desdeñable de sus antiguos votantes a la actuación de sus líderes en el proceso político. La coalición que durante décadas ha sido el núcleo político de Cataluña pierde con rapidez esa condición y sus acólitos salen centrifugados hacia otros partidos políticos. Además, los que todavía no se han divorciado de su antigua casa disienten de forma clara de una parte de sus postulados últimos.

3. La izquierda clásica no se recupera como grupo. Los resultados posibles del PSC sumados con los de Podemos e ICV, incluso sumando las CUP, quedan todavía lejos de los mejores hitos de los socialistas catalanes. Sus posibilidades de gobernar en bloque siguen siendo remotas. De todos, sólo Podemos mejora sus resultados.

4. ERC es el partido más favorecido por todo lo acontecido en los dos últimos años, pero tampoco consolida una posición suficiente como resultado de la concentración nacionalista bajo sus siglas. La percepción de la ciudadanía es clara: la formación es quien hoy maneja de verdad los hilos y su líder Oriol Junqueras actúa como el verdadero piloto del proceso, en vez del presidente Artur Mas.

5. Ante la proximidad de la hipotética consulta, los catalanes recuperan su pragmatismo histórico: mejor no hacer inventos, que para eso está la gaseosa. La convocatoria de una consulta no convence a la mayoría si no se lleva a cabo en las condiciones óptimas, algo que sus promotores quizá debían haber calibrado cuando eufóricamente señalaban meses atrás que más del 80% de los catalanes querían votar. Sí, claro, y ser millonarios. Pero si puede ser sin incumplir normas, y aquí parece que emerge el histórico seny, mucho mejor. Las encuestas comienzan a dar fe de ese giro en la opinión pública.
 
Con todas esas encuestas conocidas en la antesala del 11S (hace tiempo que dejó de ser una festividad nacional a la usanza de países a los que ensalzamos para mutar en una jornada de exaltación política), es más fácil entender que con probabilidad muchos ciudadanos estén disuadidos de participar en la parte reivindicativa de los actos. Una sospecha que jamás había emergido en las dos últimas masivas celebraciones. Las publique quien las publique, el denominador común de las encuestas es inequívoco: el suflé del proceso disminuye y sus impulsores, que jamás contaron con mucha más argamasa que los sentimientos de sus partidarios, empezarán de inmediato a modificar el rumbo de sus naves. Como si esta Diada fuera la última escala de un gran esfuerzo y una navegación experimental por parte de todos.
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