Egipto: pirámides, Tahrir, pero también economía

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09 de marzo de 2012 (10:04 CET)

Antes de la revolución, nadie soñaba que el país de los faraones tuviera partidos políticos y debatiera abierta y libremente. El proceso político ha empezado por las elecciones legislativas y debería terminar en junio con la elección del nuevo presidente y la transferencia del poder en manos de los militares. Lo que marcará el comienzo de una nueva etapa económica. La nueva situación permitiría alejar al país de su estado frágil y cauteloso por lo que se espera una mayor actividad económica interna y externa.

Una vez que el panorama se aclare y siendo optimistas, Egipto reanudará el fuerte crecimiento económico. Ante su primera democracia, los egipcios están ansiosos por ver los beneficios, como pasó en Turquía, que es un ejemplo de modelo económico donde se ven reflejados.

El nuevo Gobierno deberá enfrentarse a retos importantes pero será en la carta económica donde se juega su futuro y credibilidad. El éxito económico será vital para el proceso político y puede asegurar el éxito de la revolución popular. Mirando con perspectiva, un estado democrático con un régimen incorrupto es mejor para la economía y la sociedad.

Egipto ha cambiado para siempre y se espera que para mejor. La gran incógnita en los últimos años para la economía y los inversores era la transición del poder después de Mubarak. Situación que ahora parece que empieza a estar despejada. La inversión extranjera estaba preocupada por el estado de tensión, de ansiedad, la situación social y política en Egipto y las organizaciones y las instituciones financieras internacionales vigilan cautelosamente los indicadores.

Todo hace pensar que las ganancias de la economía egipcia, después de alcanzar los objetivos, serán mayores que sus pérdidas. Las reformas políticas harían que el entorno de inversión se volviera más atractivo. La democracia significa que hay un estado de consenso social en todos los aspectos, lo que en principio lo haría más productivo.

La aplicación de las reformas democráticas promueve la integración de Egipto en la economía mundial, aumentando las exportaciones y el turismo. La restricción de las libertades era uno de los puntos más criticados por los organismos internacionales.

El coste del levantamiento y la agitación política en los mercados financieros y la inversión son pérdidas a corto plazo y temporales. Pero las pérdidas por las revueltas son menores que los 60.000 millones dólares perdidos durante el período 2000-2009 debido a la delincuencia, la corrupción y la evasión de impuestos, es decir un 4% de su PIB anual.

La clave de la economía está en crecer y crear empleo, se necesitan 9,5 millones de puestos de trabajo hasta el 2020. Es el gran objetivo estratégico y el termómetro de la estabilidad social en un país que también ha sufrido los daños colaterales de la crisis financiera mundial sobre todo la que afecta a la Unión Europea (UE), su primer socio económico e inversor.

Egipto depende de la inversión extranjera, los ingresos procedentes de su sector turístico, el Canal de Suez, las exportaciones energéticas y las remesas de sus ciudadanos emigrantes que es un factor clave de los ingresos del país: seis millones de egipcios, la mayoría vive en los estados del Golfo y Estados Unidos (EEUU). La economía de Egipto se apoya en fundamentos que siguen siendo sólidos: el país tiene una gran base de consumidores, así como un sector financiero fuerte y una economía relativamente bien diversificada.

El desafío para El Cairo es garantizar el ritmo de la reforma que le permitirá conseguir la transformación radical y aprovechar las oportunidades potenciales de crecimiento. El Cairo tiene que garantizar reformas más profundas. En particular, el fortalecimiento del sistema judicial, una mejor protección de los derechos de propiedad y la erradicación de la corrupción además de tratar de eliminar los obstáculos burocráticos. También, potenciar el papel del sector privado y simplificar los procedimientos para atraer la inversión extranjera.

Tras la revolución, varios países y organismos internacionales han ofrecido apoyo financiero a Egipto. EEUU, UE, los países del Golfo, el BID, BERD, EI Banco Mundial... Desde el punto de vista bilateral los intercambios entre España y Egipto alcanzaron los 2.260 millones de euros. Egipto es un mercado de 80 millones de habitantes, el 20% de la población tiene un poder adquisitivo medio y alto. Es la cuarta economía de la región en términos de PIB.

El acuerdo de Asociación con la UE es un instrumento muy útil a la hora de facilitar los intercambios comerciales. Egipto presenta grandes posibilidades en sectores como la agricultura, las TIC, el turismo, las infraestructuras y los hidrocarburos: el agroalimentario, el tratamiento de residuos sólidos y tratamiento y suministro de agua, logística y transportes, energías renovables, distribución, y franquicias.

Hace un año, nadie podría creer en Egipto y seguramente en el mundo, lo frágil que era el régimen de Mubarak y la valentía de una población milenaria que a pesar de algunos contratiempos volverá a conducir al país al lugar que merece. Solo queda esperar que las nuevas autoridades estén a la altura de las expectativas de la gente.
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