Eduardo Madina o Pedro Sánchez

24 de junio de 2014 (00:00 CET)

Son dos rostros y un destino, aunque con la posibilidad de que un empate haga aparecer un tercer candidato a la secretaria general del PSOE. Parece llevar ventaja Madina pero los espectadores también valoran en Sánchez lo que es una cara nueva, un perfil más telegénico y otras cosas como por ejemplo el conocimiento de idiomas extranjeros, algo inusual entre quienes acabaron fichando todas las mañanas en Moncloa. El más políglota fue Leopoldo Calvo-Sotelo.

Lo que la ciudadanía espera de un futuro líder del PSOE tiene mucho que ver con la confianza: merecérsela y tenerla. Luego está la capacidad para entender las nuevas complejidades, de la España del siglo XXI y las del mundo global, especialmente de la Unión Europea. Superado el trance fragoroso de ganarse la confianza de los afiliados al PSOE y a la mayoría de sus barones territoriales, el nuevo secretario general se verá en la urgencia de convencer, de modular su lenguaje, de oponerse al gobierno del PP y a la vez seducir una clase media vejada por la precariedad.

 
Será determinante lo que piensen cada uno de los dos candidatos sobre la irrupción del secesionismo en Catalunya


El precedente de Zapatero, una cara novísima que suturó las heridas más recientes del socialismo español, pone en guardia a los que ya creyeron en aquella supuesta innovación, tan peculiar que acabó negando la crisis económica, abrió las puertas a los tripartitos catalanes y perdió posiciones fundamentales en la Unión Europea.

Dada la encrucijada constitucional, será determinante lo que piensen cada uno de los dos candidatos sobre la irrupción del secesionismo en Catalunya y la nueva estrategia del PSC.

Incidentalmente, las ideas también importan. Aún así, nada más inconveniente que un líder intelectualista. Mejor un pragmático con visión, que sepa mantener unido a su partido, ganar terreno en las autonómicas y municipales, y a la vez participar activamente en redefinir el centro-izquierda y la socialdemocracia en la Europa de hoy. Si en su momento tuvo impacto la tercera vía de Tony Blair, ahora se está a la espera de nuevas fórmulas, especialmente después de unas elecciones europeas en las que el centro-izquierda no ha quedado en la mejor de las posiciones.

Al primer ministro italiano, Matteo Renzi, es a quien el nuevo secretario general del PSOE habrá de observar más de cerca. A Renzi se le ha visto impaciente por abarcar el mayor número de reformas y para influir en la Unión Europea donde es de facto el líder de la izquierda moderada. Es cierto que a veces un inmovilismo lleva a otro, pero aún así Renzi demuestra imaginación y un cierto desparpajo.

En Holanda y los países nórdicos, un líder renovador del PSOE habrá de hacer sus buenas alianzas. Pocos dudan de que a la socialdemocracia europea le ha falta un lifting a fondo y no solo encanto mediático. ¿Qué capacidad de maniobra tiene la socialdemocracia en un mundo globalizado? ¿Eduardo Madina o Pedro Sánchez? Y, socialdemocracia, ¿con qué identidad?

El primer interesado en que eso no sea un simple cambio de fisonomías es el PSOE. Habrá de sobreponerse a sus inercias y a las fuerzas del aparato interno. Cohesionar y convencer, sugerir soluciones a un país que se lame las heridas de la crisis, con un paro ingente y tensiones territoriales muy críticas. Fundamentalmente, dar y merecer confianza.
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