Economía verde, no espejismo

28 de mayo de 2014 (20:02 CET)

En los últimos años, la cuestión del cambio climático empieza a estar en la agenda de los gobiernos, ayudando a forjar sus políticas y empujando a las empresas y emprendedores a tener más en cuenta la cuestión de la economía verde.

La recesión económica mundial provocó un debate serio en muchos países en cuanto a analizar las causas de los fracasos, las soluciones innovadoras asequibles y buscando alternativas para el crecimiento. Algunos lo han encontrado impulsando la energía limpia y las inversiones ecológicas como claves para un futuro mejor.

La sostenibilidad se ha convertido en una necesidad y en una oportunidad que se materializa en un ahorro económico y en un menor coste medioambiental. Mientras, se impone el cambio del modelo productivo hacia la eficiencia de recursos, especialmente la energética.

Se calcula que en los sectores de la economía verde se invertirá 55.000 millones de euros anuales hasta 2030. Lo que representa un gran potencial de futuro para la generación de empleo, el avance tecnológico y la competitividad. Las empresas, con el apoyo público y un nuevo marco legislativo más flexible deberían apostar por políticas verdes como visión de futuro.

Dirigirse hacia una economía más verde se traduce en reestructurar las empresas y sus infraestructuras para obtener un mejor retorno del capital invertido en productos, recursos naturales, humanos y económicos. Al mismo tiempo, se reducen emisiones de gases, disminuimos el uso ineficiente de recursos naturales y reducimos la disparidad social.

En el contexto mundial, la región del Mediterráneo se caracteriza por la enorme asimetría existente entre sus diferentes zonas y por un débil dinamismo económico. Aunque dispone de activos tan importantes como el turismo, su cultura, y su historia. Es una eco-región con un patrimonio único y unas características particulares, Y su futuro depende de que los patrones de desarrollo sean sostenibles en toda la zona.

Hasta el momento, no se han utilizado los recursos de manera adecuada, por lo que la relativa indolencia económica que caracteriza a la región ha afectado gravemente al desarrollo de muchos de sus países, así como a la calidad del medio ambiente, el contexto político y la estabilidad de la misma.

Empresas, pymes y emprendedores, porque son una parte inseparable de una economía sostenible y deben ser actores y no sólo unos meros ejecutores. Por su impacto en el crecimiento, la creación de empleo y del desarrollo social, su función no debe eliminar el papel del sector público, sino que debería complementarlo. Los dos sectores juntos pueden proporcionar una red de protección para la economía.

Hay que establecer como objetivo la diversificación del desarrollo económico, la creación de clústeres, el aumento de la promoción en la escena internacional, la movilización de los activos y el reclutamiento de los principales talentos.

Mejorar el acceso a las inversiones verdes y la mejora de la cooperación internacional en la gestión de estos ecosistemas transfronterizos son esenciales si se quiere avanzar hacia una economía verde efectiva y de reducir sustancialmente las emisiones de carbono. Pero esto debe ser más que un eslogan y el concepto debe ser parte de una ambición por una transformación que debe tomar caminos diferentes de los que otros se han prestado hasta ahora.

Es imprescindible tener ambición y formular una nueva visión global mediterránea para convertirse en una economía verde entre los líderes del mundo.

Se debe impulsar la creación de economías eficientes en recursos y resistentes al clima. Es el primer paso hacia un futuro que debe incrementar la cooperación entre las riberas del Mediterráneo, así como proteger un ecosistema.

Aunque sigue siendo un nicho, la economía verde proporciona una gran oportunidad para fomentar un desarrollo global con el crecimiento sostenible. Está presente en las tecnologías limpias, las energías renovables, los servicios de agua, el transporte verde, el tratamiento de los desechos, la edificación verde, el ecoturismo, la agricultura, la industria manufacturera y en la conservación ambiental entre otros. Los empleos verdes ya no son un espejismo sino una realidad cuyo tiempo parece que ha llegado.
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