Dos desgracias

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05 de diciembre de 2011 (12:33 CET)

Dos coincidencias me han hecho recordar un hecho que tuvo lugar casi dos años atrás: la presunta conexión del Duque de Palma, Iñaki Urdangarin con el caso Palma Arena y la apresurada salida del Banco de Valencia del ex presidente de la Generalitat Valenciana (PP), José Luís Olivas.

En otoño de 2009 yo trabajaba en una empresa industrial catalana del sector químico plástico. Como otras muchas empresas, teníamos una tesorería deteriorada fruto de la coyuntura y de una importante bajada de ventas (el 40% en 18 meses). En aquel tiempo los bancos sólo tenían un objetivo: "reducir la exposición" no importaba cómo. Los mismos directores de oficina te explicaban que se hacían verdaderos disparates, concediendo y alargando plazos a empresas sin ningún futuro y cancelando pólizas de crédito de un día para otro, a empresas que eran viables.

Recuerdo también que como director financiero, y con el escepticismo de mi director general, adopté la estrategia de diversificar el crédito y ampliar el número de entidades con las que trabajábamos. Llegué a tener 31 cuentas corrientes operativas, y riesgo en 19 entidades, y puedo decir con cierto orgullo que a pesar de la situación general, mi empresa consiguió ampliar el crédito global, a pesar de las rebajas de cada banco.

Para llevar a cabo esta expansión, contacté con muchos bancos, y uno de ellos fue el Banco de Valencia. Me quedará grabada para siempre la respuesta del director de la oficina cuando le enseñé la previsión de cierre de aquel año: "Nosotros no trabajamos con empresas con pérdidas".

Poco después me enteré que el mismo banco, había prestado tres millones de euros al señor Jaume Matas, ex presidente del Gobierno Balear con el PP y que en aquellos momentos era juzgado por el escándalo de corrupción "Palma Arena". La fianza para evitar el ingreso en prisión del Sr. Matas era la más alta que nunca se había fijado en un juicio en las islas.

Aquella respuesta me dio mucha rabia. Así que una empresa productiva familiar, con 30 años de antigüedad, que facturaba 20 millones de euros, daba trabajo a 130 familias y que pasaba un mal momento (la primera vez en 30 años que "estaba en pérdidas") no tenía crédito, pero ¿un presunto delincuente, que cobraba 138.000 euros al año (oficialmente) sí que tenía credibilidad? Y esta credibilidad se transformaba en tres millones de euros.

Es curioso que el mismo partido político que ha ganado las elecciones abanderando la creación de ocupación, cuando pudo elegir entre apoyar una empresa y un compañero de partido, eligió el compañero de partido. Una lástima. Esta noticia salió precisamente la misma semana que la fiscalía del caso "Palma Arena" investigaba una empresa (Instituto Nóos) que presidió el Duque de Palma, Iñaki Urdangarín.

Ahora, el Banco de Valencia tiene un agujero de 900 millones de euros, e (igual que la CAM) ha sido intervenido por el Banco de España (es decir, que lo pagaremos entre todos). Una de las posibles causas del deterioro crediticio de la entidad es que habían invertido 350 millones de euros en suelo (igual que la CAM con la quiebra "Terra Mítica") esperando hacer negocio con las recalificaciones … no es necesario continuar.

Las dos noticias y el recuerdo de la gestión crediticia que hizo con aquella empresa el Banco de Valencia me han hecho reflexionar sobre las desgracias que actualmente están encima de la mesa: la primera es que algunos políticos han gobernado de la misma forma que han presidido entidades de ahorro: han ayudado a los más cercanos, independientemente de su solvencia, invertido en proyectos fotogénicos e insostenibles, fomentando políticas de crédito muy arriesgadas y despreciando totalmente a los creadores de riqueza y de ocupación: las empresas.

La segunda desgracia de este país es que los que se dedican a crear riqueza y ocupación, no están nada interesados en hacer política y servir a su municipio o comunidad autónoma ni tan siquiera por un periodo corto de tiempo. ¿Será por la mala fama de los políticos? O por la dedicación de siete días a la semana. O por los bajos salarios de la profesión. Ojalá, tuviéramos algún Michael Bloomberg (¡no un Berlusconi!), o un Ross Perot entre nosotros, estoy seguro que todos sacaríamos provecho. ¡Ojalá!
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