Don Mariano y Don Alfredo

03 de marzo de 2014 (00:00 CET)

Considerar la hipótesis de pacto entre el presidente del Gobierno y el líder de la posición no es del todo política-ficción. No sería un pacto para la alternancia en el poder, como el turnismo Cánovas-Sagasta en tiempos de la Restauración alfonsina, sino una cobertura constitucionalista que tenga garantías de estabilidad ante circunstancias como el secesionismo de Artur Mas.

De ser así, la escenificación sin grandes aristas del reciente debate sobre el Estado de la Nación resulta mucho más inteligible. Rajoy y Rubalcaba se necesitan recíprocamente para que sus intereses políticos y los intereses generales mantengan cierta concordancia.

En tal caso, ese pacto contiene matices de importancia: de una parte, Rajoy niega la posibilidad de un referéndum ilegal sobre el derecho a decidir en Catalunya. Rubalcaba en el fondo suele decir lo mismo pero le pone la guinda de una reforma constitucional en profundidad. Nadie ignora que al secesionismo catalán no le significa nada una reforma constitucional, porque sencillamente inspira sus anhelos totalmente al margen de la Constitución.

 
El PSOE se muestra menos receptivo a un trato específico para Catalunya y también el PP
En ese aspecto, la propuesta tan inconcreta de reforma constitucional le permite a Rubalcaba acusar a Rajoy de inmovilismo en el caso de Catalunya. Y al mismo tiempo es verdad que en toda España, el PSOE cada vez se muestra menos receptivo a un trato específico para Catalunya. Lo mismo ocurre en el PP.

Y eso es lo que puede mantener aproximados a Rubalcaba y Rajoy. Eso y una inquietud política e institucional sobre las acciones de colisión que Artur Mas decidiese en caso extremo.

Claro que este posible acuerdo se basaría en márgenes de maniobra para no imposibilitar que tanto PP como PSOE se mantengan en permanente estrategia electoral y que sus mensajes respecto a Catalunya no sean idénticos, según desean los partidarios de un frentismo.

En el caso del PSOE, el realineamiento del PSC de la mano de Pere Navarro ha sido un notable alivio. Garantizar esa homogeneidad afianza el liderato de Rubalcaba. Es algo que, dado el momento, no le viene mal a Rajoy.

Para el independentismo catalán ese sería un pacto diabólico, una ofensiva más contra el llamado derecho a decidir. Pero basta sumar los votos del socialismo y del PP en Catalunya para disponer de nutridas bancadas en el Congreso de los Diputados. Es una suma notoria de votos no independentistas. También eso tiene su peso en la política y municipal de Catalunya.

De ser cierto el pacto, no cabe duda de que pasará por vaivenes y desconfianzas. Aún así, el objetivo compartido conviene tanto a Rajoy como a Pérez Rubalcaba. No vayan a hacerse daño, como ocurre en la anécdota del dentista.
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